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miércoles, 28 de noviembre de 2018

Reflexión sobre... lo que he aprendido siendo feminista (2)

Sí, ya escribí una entrada reflexionando sobre lo que he aprendido siendo feminista (concretamente esta entrada), pero era una entrada pensada para la brevedad, no para hacer una reflexión muy profunda, y creo que hay un punto de la misma que requiere una reflexión más profunda. Concretamente, me refiero al segundo punto "He aprendido a cuestionar mis propias creencias y a escuchar"

Cuando comencé en el feminismo, e incluso más adelante, cuando consideraba que ya sabía mucho sobre feminismo y lo que significaba ser feminista, comencé a seguir a una serie de referentes, mujeres que percibía como mucho más preparadas que yo. El problema es que empecé a seguirlas de forma acrítica; salvo si decían una barbaridad notoria que yo no tuviera incorporada a mi sistema de creencias, aceptaba lo que decían sin cuestionarlo demasiado, en general porque nunca había pensado en el tema y carecía de más referentes al respecto. 

Pero, ¿qué ocurre cuando lo que dicen, y que no cuestionas, supone perpetuar actitudes con las que no estás de acuerdo y no eres capaz de darte cuenta de ello porque las tienes muy interiorizadas? Pues, evidentemente, que contribuyes a la exclusión de otras personas. Y ocurre lo mismo cuando no estás de acuerdo, te das cuenta de ello y cierras los ojos porque en otras cuestiones sí estás de acuerdo. 

Creo que yo me di cuenta antes de llegar a ser como personas con las que actualmente discrepo abiertamente o, incluso, que ya no considero compañeras, y lo hice cuestionándome a mí misma y escuchando a quienes hasta entonces no había escuchado. No soy ningún ejemplo a seguir, ni pretendo serlo, simplemente tuve la suerte de que seguía a las personas adecuadas en el momento adecuado.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Pues bien, a lo siguiente: nosotras debemos ser las primeras en cuestionarnos y deconstruirnos. Si nuestro feminismo excluye a alguien, a las mujeres prostituidas, a las neurodivergentes, a las racializadas, a las lesbianas, a las bisexuales, a las trans... entonces quizás nuestro feminismo no es tan feminismo

Cuestionarse y deconstruirse cuesta. Y cuesta mucho más cuando además debes hacerlo cuestionando de paso lo que dicen personas a quienes has tenido como referentes durante mucho tiempo y a las que puede que incluso tengas aprecio personal y/o coincidas en otros puntos. Pero no podemos exigir que otros se cuestionen, se revisen y se deconstruyan si nosotras no somos las primeras en hacerlo. Y, sobre todo, no puede ser algo teórico, sino práctico, porque mientras se debate sobre el sujeto político del feminismo, hay mujeres excluidas de los espacios que deberían ser más seguros para ellas, mujeres que ven cómo les son negadas su misma existencia y sus experiencias en tanto que mujeres porque no coinciden con ciertas ideas de lo que es ser mujer y las implicaciones que trae consigo ese hecho.





Va siendo hora de que las mujeres blancas y cishetero dejemos de inventarnos un feminismo a nuestra medida y aceptar que no somos ni debemos ser el centro del mismo. 


jueves, 4 de octubre de 2018

Reflexión sobre... lo que he aprendido siendo feminista

Desde que comencé a interesarme por el feminismo he recorrido un largo camino que va desde el "yo no soy feminista, pero...", hasta el "tu opinión de machito ofendidito me importa una mierda, a llorarle a la Virgen". A lo largo de ese proceso aprendí muchas cosas, la mayoría de ellas de la mano de feministas como Ana de Miguel, Alicia Murillo, Rosa CoboBeatriz Gimeno, las integrantes de TodasGamers... y muchas otras menos mediáticas y/o conocidas, pero que son igualmente compañeras de las que he aprendido y con las que he debatido.

Hoy quiero hacer una breve reflexión sobre lo que he aprendido de feminismo y lo que sigo aprendiendo:

1. He aprendido a analizar la realidad desde una perspectiva de género, a ponerme las gafas violetas. 

2. He aprendido a cuestionar mis propias creencias y a escuchar.

3. He evolucionado desde el libfem hasta una posición "abolicionista" (no me gusta demasiado el término porque da a entender que estás en contra de las víctimas, no de los victimarios, pero no se me ocurre otro que se pueda entender igual de bien que este).

4. He aprendido a autocuidarme.

5. He aprendido a burlarme de los machitrolls y he incorporado el sarcasmo a mi forma de vida.

6. He aprendido a criticar el propio feminismo, a reconocer las problemáticas presentes en el feminismo radical y a no sentir que estoy traicionando a mis compañeras al señalar esas problemáticas.

7. He aprendido a ser sorora pero sin dejarme tomar el pelo, hay cosas por las que no voy a pasar.

Puede que parezcan muy pocas cosas, pero teniendo en cuenta dónde empecé, creo que es mucho. Y espero seguir aprendiendo mucho más.


lunes, 20 de noviembre de 2017

Presunción de culpabilidad


El juicio por la violación de los Sanfermines, como era de esperar, es tremendamente mediático. Hemos tenido una semana en la que en todas las redes sociales, se hablaba de ello constantemente. Como también era de esperar (y no por esperado ha causado menos rabia y tristeza), el tratamiento de los medios y las reacciones de buena parte del público merecen el calificativo de "asqueroso". 

La cosa no habría ido más allá de eso, de lo que ya estamos acostumbradas a ver cuando se trata de un caso de violencia de género (y sí, una violación a una desconocida es violencia de género aunque la ley no lo contemple así), de no haber trascendido el detalle de que uno de los violadores hizo seguir e investigar a la víctima por un detective privado y que el juez aceptó incorporar el informe de dicho detective a las pruebas de la defensa (si bien se retiró a posteriori por petición de uno de los abogados, que pidió además que se tuviera por no presentado). No voy a entrar a valorar la decisión del juez legalmente hablando (eso se lo dejo a abogados, como @Subnorbook), mi reflexión sobre ello va sobre otro lado.

Con esto- el tratamiento de los medios, la reacción del público, el informe, etc.- queda claro algo que desde el feminismo se lleva denunciando años: la presunción de culpabilidad de las mujeres.

¿A qué me refiero con eso? Cuando se denuncia una agresión sexual, una violación, violencia de género en general, sobre la mujer pesa un doble trabajo: demostrar que lo ha sufrido y demostrar que no lo merecía. Porque el discurso es que a las chicas buenas no les pasa, a las que siguen las normas nadie las agrede, a las que se quedan en lo que Jessica Fillol llama aquí "el lado seguro del patriarcado" no las violan ni las maltratan, por lo tanto, si lo has sufrido igual lo merecías, por puta. ¿Que estabas demasiado borracha para consentir? Te lo mereces por beber (como parece insinuar esta campaña en contra del consumo de alcohol en menores). ¿Tenías demasiado miedo y te quedaste paralizada? Te lo mereces por no resistirte, o igual es que sí querías y denuncias por despecho. ¿Te ha violado tu novio? Es que has elegido mal y debes atenerte a las consecuencias. ¿Te ha violado tu mejor amigo? Es que los hombres cuando se aceleran no controlan y si te quedaste a solas con él sabiendo eso, es que lo estabas buscando.

El informe de un detective y el hecho de que se haya aceptado como prueba es, en esencia, una de las muchas manifestaciones de esta presunción de culpabilidad que pesa sobre las mujeres que denuncian. Si no te comportas de determinada forma tras ser violada, si vuelves a viajar, a colgar fotos en las redes sociales, a exponerte de alguna forma ante los demás... entonces igual no has sido tan víctima o, si lo has sido, no te ha afectado tanto y, por lo tanto, pobres chicos, ¿por qué destrozarles la vida? Se pruebe o no la culpabilidad de "la Manada", la existencia de este informe y su aceptación como prueba de la defensa sienta un peligroso precedente, no tanto legal (ya que legalmente nunca ha estado prohibido investigar a quien denuncia un delito) como social. ¿Por qué digo esto? Porque un juez no deja de ser una figura de autoridad y, como tal, sus decisiones y actuaciones tienen un poder legitimador a nivel social. Así, a partir de ahora, cuando una víctima de violación o de violencia de género denuncie, muchos agresores se verán legitimados para hacerla seguir y demostrar que sigue con su vida, que no se ha hundido y, por lo tanto, que igual no es tan víctima. Supone una nueva violación, esta vez de la intimidad. Supone una nueva manifestación de la revictimización a la que se ve sometida una mujer que se atreve a denunciar. Supone un nuevo cuestionamiento, ahora ya más allá de los hechos en sí, también de su vida después de ellos. Supone, en resumen, una nueva forma de violencia patriarcal, social e institucionalmente aceptada. 

Supone que muchas mujeres que se habrían atrevido a denunciar, ahora no lo harán.

A la espera de que llegue el día en que a las mujeres no se nos cuestione sistemáticamente, que no se nos presuma la culpabilidad mientras a los hombres se les presume la inocencia... a la espera de ese día, sólo nos queda gritar: 

¡HERMANA, YO SÍ TE CREO!

viernes, 7 de julio de 2017

Reflexión sobre... Gestación Subrogada (II)

Decir que el tema de la gestación subrogada se ha convertido en algo particularmente candente en las redes últimamente es quedarse cortos. Se está convirtiendo, como era esperable, en una auténtica batalla. No hace tanto, en febrero, publiqué una entrada en la que me posicionaba a favor de la regulación de la GS "altruista". Huelga decir que hoy en día ya no pienso igual, gracias al debate con compañeras que, con paciencia, consiguieron hacerme caer en el camelo que es la GS "altruista". 

Desde las posturas favorables a la GS, especialmente cuando se trata de rebatir a mujeres que hablan contra la misma desde el feminismo y la libertad sexual y reproductiva de las mujeres, se esgrime a menudo el argumento de "ah, entonces, ¿qué hay de lo de "nosotras parimos, nosotras decidimos"? ¿Y si una mujer quiere hacerlo? ¿Se lo vais a prohibir?". Respecto a lo de usar lemas feministas para rebatir esto ya se ha pronunciado Jessica Fillol esta misma semana. Respecto a las otras dos cuestiones... esto no va, ni nunca ha ido, de libertades individuales; cuando se habla en contra de la GS, la prostitución, etc., se está hablando de derechos humanos, de dignidad colectiva, de defensa contra la explotación y de lucha contra un sistema basado en la opresión y la explotación. Desde esa perspectiva, no importa si una mujer entre cien quiere gestar para otros libremente si las otras noventa y nueve lo hacen para no morirse de hambre; no importa si una mujer de entre cien se prostituye libremente si las otras noventa y nueve lo hacen para no ver morir a su familia de hambre; no importa si una trabajadora de entre cien elige libremente renunciar a sus derechos laborales si las otras noventa y nueve lo hacen porque la alternativa es quedarse en la calle.

La GS  se sustenta en una doble opresión: de clase - quienes recurren a la GS suelen ser parejas o personas de estatus socioeconómico alto y las madres de alquiler suelen ser mujeres de estatus socioeconomico bajo- y machista -  la innegable feminización de la pobreza y la propia situación de partida de las mujeres con respecto a los hombres hace que la GS se enmarque en una más de las prácticas de control sexual y reproductivo que se ejercen sobre las mujeres, por no mencionar la actitud típicamente machista y clasista de "perpetuar el linaje" a toda costa.

El elemento de clasismo es, quizás, el que queda más claro: sólo personas ricas pueden permitirse el coste de la GS (de lo que, por cierto, la madre gestante no ve más que un pequeño porcentaje), y está por llegar el día en que una mujer rica se quede embarazada por puro altruismo para otros, corriendo, además de los riesgos inherentes al embarazo, los riesgos en cuanto a su profesión, su vida personal y social, etc. Y las pocas que podrían estar dispuestas no resultan suficientes - o, al menos, no he visto en ninguna parte "mujer burguesa, blanca y rica se ofrece a gestar el hijo de otros", lo que sin duda sería noticia- para considerar legalizar la GS. 

En esencia, lo colectivo no puede supeditarse a lo individual, y legalizar la GS sólo nos acercaría al escenario que vemos en "El Cuento de la Criada", quizás no tan similar a la esclavitud sexual, pero sí a una realidad en la que pasar por un embarazo y que un contrato te arrebate tu soberanía corporal es una opción laboral más; quizás la única opción para muchas mujeres. 

Hay muchas más cosas que decir sobre esto, como las que la tuitera Cronopia apunta en este hilo que suscribo completamente, pero creo que todo queda mejor condensado en una frase:

No compres, adopta.
Y parece mentira que esto la gente lo vea lógico en cuanto a animales y luego no vea mal la compra de bebés.


martes, 27 de junio de 2017

La necesidad de espacios no mixtos y las Casitas del Árbol "trugueimers"


Esta semana se anunció un evento no mixto acerca de videojuegos, que tendría lugar en Barcelona el 27 de julio. Como viene siendo habitual cada vez que las mujeres intentamos hacer algo en lo que los hombres no resultan ni necesarios ni bienvenidos, un buen montón de machirulos #trvuegueimers comenzaron a lloriquear, a insultar y a acosar a las organizadoras y participantes del evento, utilizando como principal argumento que no es necesario que haya espacios no mixtos, que las mujeres no somos acosadas en el mundo de los videojuegos y que qué hacemos excluyéndolos, en un tirabuzón mental que no sé si describir como puro cinismo o simple estulticia.

Entre los que han acosado e insultado se encuentra un editor y redactor de Areajugones, demostrando que incluso desde los medios acerca de videojuegos no soportan que las mujeres sigamos unas reglas que no sean las que han establecido ellos desde el principio. Asimismo, desde Forocoches se ha llamado al boicot al evento, cayendo no sólo en la misoginia más sangrante, sino también en una buena dosis de transfobia. Y, por supuesto, muchos más comentarios denigrando el evento, a las organizadoras, las participantes y a cualquiera que hayamos salido a apoyarlo.

¿Resultado? Se ha cancelado el evento, al menos por ahora, y los machitos se estarán frotando las manos y dándose palmaditas unos a otros en la espalda, convencidos de haber ganado a las malvadas feminazis que quieren arrebatarles su espacio por derecho como si nosotras fuéramos personas y tuviéramos algún derecho a interesarnos por lo que les interesa a ellos.


El cartel del evento


Pero esto solamente demuestra dos cosas: por un lado, la gran necesidad de espacios no mixtos en los que las mujeres podamos compartir experiencias sin ser juzgadas, ninguneadas o interrumpidas. Por otro lado, el tremendo miedo que nos tienen, que es el único punto positivo de esta situación vergonzosa y sangrante. Se ve que realmente están acojonados: les da pánico un espacio en el que ni se les necesita ni son bienvenidos. Cuando nosotras queríamos entrar en su Casita del Árbol y se negaban a ello, conservaban el poder; actualmente, las mujeres estamos construyendo nuestras Casas del Árbol y dictando nuestras propias reglas y se acojonan porque no nos querían en el espacio que ellos dominaban, pero tampoco querían que dejásemos de intentarlo para poder seguir señalándonos como intrusas, para conservar su monopolio sobre el ámbito de los videojuegos y su poder sobre nosotras, poder para validarnos e invalidarnos como "verdaderas gamers" o como profesionales del sector. Y ahora se acojonan porque resulta que hemos reparado en que no necesitamos su aprobación ni la queremos. Así que cuando surgen iniciativas que dejan claro que no son bienvenidos acosan e insultan en el nombre de una supuesta igualdad real que ellos defienden y nosotras no, generando una sensación a medias entre profundo asco y esperpento.

Ante esto, queda cada vez más claro que las mujeres necesitamos y queremos espacios no mixtos, estamos hartas de ser ninguneadas, juzgadas, interrumpidas, acosadas y atacadas. Desde el GamerGate hasta el vergonzoso acoso ocurrido hace poco a una ex desarrolladora de Bioware por las animaciones de Mass Effect: Andrómeda (proyecto, dicho sea de paso, del que no formaba parte); desde el acoso que sufren las chicas no normativas que hacen cosplay hasta los insultos velados de los que fui objeto yo misma en un espacio supuestamente seguro como es el muro de una conocida al darle la razón en sus quejas sobre el machismo en videojuegos... Somos intrusas y estamos hartas de sentirnos como tal, y por eso necesitamos un espacio en el que no lo seamos. Así, eventos como el Gaming Ladies o proyectos como TodasGamers, FemDevs, etc., son necesarios; nos dan seguridad y nos hacen sentir valoradas y que nuestra opinión importa.  

En resumen, machirulos: ya no queremos entrar en vuestra Casita del Árbol, no os necesitamos, no sois imprescindibles y cuanto antes lo asumáis, mejor para todos.

Y si de paso os morís, pues eso que ganamos todos, pero, por supuesto, es un deseo personal y no se debe confundir con amenazas de ningún tipo, incitación al consumo de sustancias mortales o a tiraros por un puente.

Aprovecho además para enviar todo mi apoyo a las que han sido atacadas al darse a conocer este evento, en especial a las participantes y organizadora.




lunes, 26 de junio de 2017

Reflexión sobre... la evolución de mi pensamiento feminista





Hace varios años, cuando tomé conciencia por primera vez de que tal vez ese cabreo y sentimiento de injusticia ante determinadas cuestiones que me rodeaban era feminismo, comencé a interesarme por el movimiento, sus orígenes y muchas otras cuestiones que rodeaban un concepto bastante negativo (baste decir que me justificaba con aquella frase de "yo no soy feminista, pero..."). 

Así, me inicié en el feminismo de forma bastante solitaria y errática, sin lograr entender del todo las cosas que me encontraba, la información contradictoria, muchas veces despectiva, otras veces tremendamente abstrusa... hasta que acudí por primera vez a Lalín con motivo de la celebración del curso "IX novas fronteiras na igualdade de oportunidades 2.0: A escola da comunicación igualitaria" en el año 2013. Gracias a las charlas y conferencias en aquel curso, me fui haciendo cierta idea acerca del feminismo y de lo que realmente defendía. No obstante, seguía teniendo dudas, y oscilaba entre varias formas de llevar a cabo el análisis feminista.

Así, hasta hace realmente muy poco (creo que no comencé a hacer un análisis propio realmente crítico - y autocrítico - hasta hace un par de años, más o menos, y el cambio más radical en mi forma de pensar no tuvo lugar hasta hace menos de un año, cuando, si bien sostenía no tenerlo del todo claro, realmente cada vez empezaba a verlo más claro) se me podía considerar libfem, es decir, feminista liberal. Se puede decir que el feminismo liberal es un feminismo "tibio" que no cuestiona de forma contundente los privilegios masculinos. Un "perfil" de libfem, si es que se puede hacer uno, sería el de quien defiende la prostitución, la gestación subrogada,etc., entendiendo que son decisiones personales y potencialmente empoderantes; es decir, realizando un análisis desde el individuo. Naturalmente, las libfem están en contra de la violencia de género y, salvo alguna que otra gilipollas a la que yo, personalmente, no consideraría feminista, no culpan a la mujer de la situación de violencia o de las agresiones que viven. ¿Qué sería entonces lo "opuesto" al libfem? Pues el radfem o feminismo radical, llamado así porque va directo a la raíz del problema: el patriarcado y la opresión estructural derivada de éste, llevando a cabo un análisis basado en lo colectivo, en la sociedad, y no en el individuo. Una de las características principales del feminismo radical podría ser la búsqueda de la abolición de los roles de género. 

Después de muchos bandazos, de muchas lecturas, discusiones e incluso peleas con gente en las RRSS, mi pensamiento ha ido cambiando poco a poco y cada vez me he ido decantando más hacia el feminismo radical. Si bien no estoy de acuerdo con algunos de sus planteamientos, creo que hoy en día es lo más aproximado a mi manera de pensar y sentir (curiosamente, la mayoría de las radfem que conozco, bien en persona, bien a través de las redes, han tenido una progresión similar, pasando por el libfem antes de llegar al radfem).

Naturalmente, sigo evolucionando y reflexionando, pues van surgiendo diferentes temáticas a las que no había prestado atención o que incluso desconocía. Así, mi postura sobre la Gestación Subrogada, por ejemplo, ha cambiado de forma bastante vertiginosa, desde una postura que, si bien se encontraba bastante centrada, se decantaba más hacia el feminismo liberal, hasta una postura que se encuadra de forma clara en el planteamiento general del feminismo radical sobre esta cuestión.

Mi evolución no habría sido posible si no fuese gracias a compañeras feministas de las que he aprendido y con las que he llevado a cabo una reflexión común, o incluso aquellas con las que he llegado a sostener opiniones totalmente opuestas, la mayoría de las veces, por desgracia, sin que haya llegado a ser posible un entendimiento. Y, aunque muchas (la gran mayoría, en realidad) no me lean, desde aquí les doy las gracias.

En resumen, el feminismo para mí ha sido, y es, constante cambio y evolución, a veces incluso retroceso, pero siempre intentando cuestionar y cuestionarme. El feminismo me ha enseñado a quererme y a autocuidarme. Me ha enseñado a fiarme más de mí misma y de mis percepciones. Me ha enseñado a decir "no".

El feminismo, en resumidas cuentas, me ha convertido en la persona que soy a día de hoy.





viernes, 16 de junio de 2017

Descubriendo grandes proyectos: Patriarcadas

Hace poco supe de un interesante proyecto llamado "Patriarcadas", una revista digital que, a través del humor, hace denuncia de la situación desigual que se vive debido al patriarcado. Como es bien sabido a quienes me leéis, toda forma de lucha contra el patriarcado encuentra mi apoyo, y es por ello por lo que escribo esta entrada e intento aportar así mi granito de arena.



Haced clic aquí para visitar la web.

Las fundadoras del proyecto



Cristina Moreno.
Licenciada en Periodismo y Experta en Edición, lleva años
trabajando en el mundo de la comunicación.
Clara López.
Graduada en Bellas Artes, su trabajo gira en torno la denuncia eco-feminista.




El proyecto de Patriarcadas

Esta semana tuve la ocasión de hablar con Cristina para conocer más acerca de esta revista y las ideas que le dieron origen. Según ella misma me contó, la idea nació de dos fuentes: un congreso acerca de feminismo en la Universidad Complutense de Madrid y un documental sobre la revista satírica estadounidense "National Lampoon". Sabiendo del interés de Clara por la denuncia feminista, contactó con ella y comenzaron a perfilar el proyecto. Conformaron un equipo, actualmente de 14 artistas (además de Cristina y Clara), quienes pueden crear libremente, siempre desde un enfoque satírico y político y teniendo en cuenta la temática principal, que son los efectos nocivos del patriarcado sobre nuestra vida, relaciones sociales y salud.

El soporte elegido para la difusión es digital e interactivo. ¿Qué quiere decir esto? Que, cada quince días, y en función del tipo de suscripción que se haya elegido (número único, mensual o trimestral), se recibe, a través de la app gratuita que estará disponible en AppStore y Google Play, el ejemplar correspondiente de la revista, con sátiras acompañadas de entrevistas, reportajes, etc. que las complementan, enriqueciendo la temática y proporcionando una perspectiva más formativa.

Sin embargo, lejos de ser únicamente una lectura pasiva en el dispositivo correspondiente, la revista se caracteriza por su interactividad, por lo que a través de nuestra acción (clicando en el lugar correspondiente, por ejemplo, como podéis ver en este vídeo) irán apareciendo las imágenes y el texto, proporcionando una sensación de juego que transforma la experiencia en algo mucho más atractivo y dinámico.

En la sociedad actual, en la que el patriarcado es todavía una lacra que perjudica la salud y, en general, la vida de las mujeres, resulta imprescindible contar con proyectos de este tipo, que denuncien la situación al tiempo que desde el humor y la sátira nos dan energía para pelear contra la injusticia. Asimismo, el arte tiene una gran potencia como forma de comunicación y supera prácticamente cualquier barrera cultural y lingüística, permitiendo una expresión difícil de igualar a través de otros medios.

Así pues, os animo a conocer y difundir el proyecto y, si podéis echarles una mano para que salga adelante, aquí tenéis el enlace a la sección de "Crowdfunding" de su página web, en la que además podréis ver un divertido vídeo de presentación del proyecto y, en la correspondiente sección de "Equipo", vídeos de presentación de colaboradores y colaboradoras acompañados de una pequeña muestra de sus ilustraciones. Cuentan además con páginas de Facebook e Instagram en las que podréis visitarlas y darles vuestra opinión y apoyo.


Desde aquí, envío un abrazo a las fundadoras y todo el equipo de Patriarcadas. 
¡Mucho ánimo y adelante!

miércoles, 3 de mayo de 2017

Reflexión sobre... el derecho al cabreo

"Cuando te enfadas pierdes la razón". Esta frase, en principio inofensiva, y en la que TODOS caemos alguna vez (yo no soy una excepción) es un recurso bastante utilizado por trolls y por imbéciles de todo tipo, especialmente cuando se trata un tema que ataca a sus privilegios. Y es que no falla. Dile a un #Señor, después de una gilipollez, que se calle de una puta vez y las probabilidades de que te suelte un un "oye, oye, relájate, que yo sólo quería decirte que sois unas locas del coño por cabrearos por X cuando en Y están peor" son muy altas.

Pues mira, no. Eso se llama "tone policing" y está muy feo. Decir a otra persona que pierde la razón cabreándose por algo que ocurre a diario a ella y a muchas otras personas a su alrededor sólo por haber nacido mujer, ya es de por sí una forma de opresión, puesto que se intenta deslegitimar lo esencial de su discurso por una cuestión de formas, obviando la tremenda tensión y carga emocionales que supone ser mujer en una sociedad machista:  somos sistemáticamente asesinadas (a mediados de marzo eran ya 34 las mujeres asesinadas este año...y 465 desde 2010, según este cómputo) , acosadas, ignoradas cuando decimos "no", sometidas a mensajes contradictorios que hacen que automáticamente cualquier cosa que nos pase sea culpa/responsabilidad nuestra y un largo etcétera. 

Ante esa situación, cabrearse no sólo es la reacción lógica, sino que es además la deseable: chillar cada vez más alto y más fuerte ante las injusticias que sufrimos por el mero hecho de ser mujeres, defendernos si es preciso mediante la violencia mínima (verbal o física) y sentirnos libres de contestar a las machistadas con un "vete a la mierda, imbécil". Cabrearse es un derecho de todo aquel que se encuentra oprimido, pues la liberación no se consigue con flores, pancartas perfumadas y reacciones tibias y equidistantes ante situaciones de machismo.

Las sufragistas tenían muy claro su derecho al cabreo y a la violencia
(E irónicamente son las "buenas" mientras "las de ahora" somos feminazis misándricas y violentas...)


En definitiva, si quiero ser amable y corregir educadamente tus gilipolleces, lo haré, pero nunca lo des por descontado, porque nos matan y estoy muy cabreada por ello.







martes, 14 de marzo de 2017

Reflexión sobre... machismo, videojuegos y ser "unas amargadas que se quejan de todo"


Imagen tomada de DeviantArt:

Las chicas que jugamos a videojuegos estamos ya más que curtidas (muchas lo están infinitamente más que yo, que soy relativamente novata en el mundillo "gamer" y, en general, he tenido muchísima suerte con las personas con las que he compartido mi afición, a quienes, si me leen, agradezco las horas de cachondeo y debate, serio y no tan serio) en el machismo que impera en el mundo de los videojuegos y lo discriminadas que estamos las mujeres en el mismo, ya no sólo a nivel de las profesionales del sector, sino también las fans, jugadoras, gamers, jugonas o como se nos quiera llamar. La página TodasGamers habla largo y tendido sobre este tema en varios de sus artículos (el último de ellos, este), y bastante mejor, en mi opinión, de lo que lo puedo hacer yo, por lo que tampoco quiero extenderme demasiado.

No es infrecuente que cuando las jugadoras nos quejamos de algún aspecto que chirría (como, por ejemplo, el hecho de que Bioware declaró en su momento que pensaba centrar la campaña de "Mass Effect: Andrómeda" en la protagonista femenina del juego, Sara Ryder, como homenaje a Sally Ride, para, posteriormente, sacar más vídeos del protagonista masculino y centrarse en él), se nos tache de "exageradas" o de no saber disfrutar de las cosas, o de ser "unas amargadas que os quejáis de todo". Pues bien, pongamos los puntos sobre las íes... Quejarse de algo no implica no disfrutar, sino simplemente ser consciente de los fallos que presenta un producto; The Witcher 3, por ejemplo, me encanta, pero soy consciente de que, más allá de las características del mundo en que se basa, tiene unos toques bastante machistas que me fastidian sobremanera (¿de verdad necesitamos ver el sujetador de una guerrera para darnos cuenta de que "oooh, es una chica, y lucha!"?). Si ver fallos y señalarlos, especialmente los vinculados al machismo, implicara no disfrutar de algo, hace muchos años que no podría ver una película o abrir un libro, o siquiera vivir en sociedad. 

Por otro lado, es muy curioso que solamente seamos exageradas o amargadas cuando nos quejamos de cuestiones relacionadas con el evidente machismo del medio, pues me he quejado y he visto a muchas chicas quejarse mil veces de las misiones secundarias chorras del Dragon Age Inquisition, o de los finales de Mass Effect 3, y jamás he visto que esas quejas sean tildadas de "exageradas" o que se interpreten como que somos "unas amargadas". Si me atreviera a realizar una loquísima especulación, quizás tendría que hablar de cómo los #TrueGamers y #MachitosEscociditos interpretan cada mínimo cambio con cierto aire a avance en el medio como una señal del Apocalipsis (para muestra, el follón que se armó con Horizon Zero Dawn y Aloy, de lo que esto ha sido el ejemplo más light), y de que no hay más que ver los hilos de prácticamente cualquier foro sobre videojuegos, especialmente los comentarios en torno a mujeres, protagonistas o compañeras, que son... normales. Mujeres normales y corrientes, sin hipersexualizar, y que despiertan tal ira que cualquiera diría que es una afrenta personal para los machitos escociditos. 

Machitos escociditos que en reacción a esa gran afrenta invierten un tiempo considerable en deslegitimar nuestras quejas, tratándonos de "exageradas", de "amargadas", de "frustradas", de tener la cabeza comida por "el lobby feminazi", dejándonos claro que somos intrusas en un medio en el que todavía dominan ellos y en el que cada mínimo espacio que logramos hacernos es un ataque hacia su masculinidad (la pobre, qué frágil que es). 

Así pues, queridos y no tan queridos jugadores, si una mujer se queja de cómo la trata la industria del videojuego, tanto si es desde su perspectiva de profesional como de jugadora, quizás deberíais parar un momento para plantearos si su queja tiene cierta base antes de empezar a atacar desde vuestro privilegio, el de estar ampliamente representados en prácticamente cualquier medio cultural y/o de entretenimiento. Internet es una herramienta maravillosa con la que podéis consultar prácticamente cualquier cosa en un clic, y la descripción acerca de la realidad que vivimos las mujeres en este y otros medios no es una excepción. De hecho, mirad qué buena soy, que ya aporto más abajo lo que he encontrado yo sin tener que rebuscar demasiado.

Y para terminar... sinceramente, si protestar en contra del machismo que percibo en el mundo del entretenimiento y en la sociedad en general y apoyar a las compañeras que se quejan es ser una amargada que se queja de todo... me alegro de serlo.



Artículos que tratan la situación de las mujeres en el mundo del videojuego







martes, 21 de febrero de 2017

Reflexión sobre... la gestación subrogada

Últimamente se ha puesto sobre la mesa el tema de la gestación subrogada y, como no podía ser de otra manera, he debatido al respecto en diversas páginas tanto a favor como en contra. Como ya tenía pensado hacer una entrada al respecto, he concluido que no hay mejor momento que el presente, cuando aún tengo frescas las opiniones que he dado al respecto, los matices que he introducido en ellas y lo que se me ha dicho al respecto.

En primer lugar, ¿qué es la gestación subrogada? Pues bien, se entiende como gestación subrogada aquel proceso en el que una mujer, habiéndolo acordado con otra persona o una pareja, acepta la transferencia a su útero el embrión engendrado a través de la técnica de fecundación in vitro por esa otra persona o pareja, con la finalidad de gestar dicho embrión y dar a luz en sustitución de la persona o pareja.

Como en muchos otros debates, en la gestación subrogada se han generado fundamentalmente dos posturas contrapuestas: la postura que defiende su  legalización y regulación (sustentada por organizaciones como la Asociación por la Gestación Subrogada en España, por poner un ejemplo) y la postura que defiende que no se legalice ni regule (por ejemplo la organización "No somos vasijas" o la Plataforma Anti-Patriarcado).

Yo (como me ocurre en otras tantas polémicas surgidas en el seno del feminismo) no me encuentro cómoda en ninguna de las dos posturas, por lo que defiendo, en términos generales, la regulación de una gestación subrogada de carácter altruista. Es decir: estoy completamente en contra del llamado "alquiler de vientres" y de la mercantilización del cuerpo de la mujer, pero considero que se debe permitir una gestación subrogada altruista, ofrecer una cobertura legal a quien se embarca en este proceso como favor a un familiar, hermano, amigo, etc. y, muy especialmente, proteger al menor que nace de ese proceso.

Entre los argumentos que se me han dado para rebatir mi postura se encuentran el del peligro de que, bajo cuerda, se realicen pagos o se coaccione a la mujer para que lleve a cabo ese proceso. Naturalmente, no se pueden obviar esos riesgos, y es por ello por lo que abogo que se cumplan determinadas condiciones: (1) que la mujer gestante sea independiente económicamente, añadiendo además que su sueldo no dependa de ninguna forma de la persona o de alguno de los miembros de la pareja cuyo hijo/a va a gestar; (2) que todos los implicados se encuentren sometidos a evaluaciones y seguimiento psicológicos durante todo el proceso, incluyendo algún tiempo posterior; (3) que la única implicación económica del asunto sea que la persona o pareja se haga cargo de todos los posibles gastos directamente derivados del embarazo.

Por supuesto, ninguna de estas condiciones evitaría que tengan lugar chanchullos e irregularidades, ya que, hecha la ley, hecha la trampa, igual que puede ocurrir (y, de hecho, ocurre) con las adopciones. Sin embargo, creo que la regulación de la gestación subrogada altruista (e insisto particularmente en este matiz porque no defiendo en ningún caso la mercantilización de la mujer) protegería los intereses del menor, de la mujer gestante y de los padres.

Llegados a este punto, cabe añadir cierto matiz en mi pensamiento sobre la gestación subrogada. No estoy de acuerdo en la gestación subrogada (altruista o no) como primera solución para aquellas personas que no pueden o no desean tener hijos de la forma convencional (y no, tener hijos biológicos no es un derecho, es un deseo; un deseo completamente legítimo, por supuesto, pero un deseo). Opino que, en muchos casos, el recurrir a la gestación subrogada obedece a una actitud típicamente machista y clasista que es la de "perpetuar el linaje". Sin embargo, no puedo hacer otra cosa más que empatizar con quienes llevan años en el limbo de las listas de espera interminables para la adopción y ven en la gestación subrogada, sea o no de carácter altruista, la solución para una situación de alto coste emocional y económico que se prolonga durante un tiempo indefinido. Así pues, si de mí dependiera, priorizaría el agilizar los trámites de adopción e incentivar la adopción en sí misma, especialmente la de niños (ya que, y sería casi tema para otra entrada, una de las razones por las que las adopciones se encuentran tan ralentizadas, dejando aparte trámites burocráticos y condiciones para adoptar cada vez más endurecidas, es que la gente sólo quiere bebés, considero que en su mayoría por motivos puramente egoístas que no entraré a desarrollar aquí).

En resumen, entiendo que la regulación de la gestación subrogada altruista no desprotege a las mujeres que son gestantes por necesidad porque la eliminación de la posibilidad de que exista un pago (acompañada de la penalización a quienes recurran a la gestación subrogada no altruista, dentro o fuera de España) elimina la mercantilización, pero sigue habiendo mujeres que deseen hacer eso como favor a un amigo o un familiar (yo no, desde luego, pero puede haber alguna que otra Phoebe Buffay por el mundo), y creo que los bebés, las mujeres gestantes y los padres han de estar protegidos legalmente, especialmente los primeros. 

No sé hasta qué punto se podría hacer de esta manera y bajo estas condiciones, pero esta sería la forma, la única en realidad, que yo apoyaría, rechazando de pleno la forma de gestación subrogada que implica mercantilización. Y antes de ello, como he dicho antes, preferiría que se facilitasen e incentivasen los procesos de adopción.

domingo, 12 de febrero de 2017

Pensamientos de domingo

Esta semana me he enterado de que no van a convocar oposiciones de mi especialidad.Me he sentido un tanto perdida hasta tomar decisiones sobre lo que haré a continuación, que básicamente será enfocarme en la parte más práctica de mis opos, darme de alta en el INEM y empezar otra vez con currículos.


Discutir con machirulos me inspira, y por eso escribí esta entrada y comencé a recopilar capturas en un álbum de facebook que quizás traslade en algún momento al blog en forma de entradas regulares; aún tengo que pensarlo. Es una pena que el que me inspiró me haya bloqueado (el segundo en menos de dos meses; estoy en racha), pues me gustaría darle las gracias por ser mi musa machirula.


Estoy enganchada a este hilo. Si bien la discusión con el machirulo arriba mencionado me dio el último empujón, la idea de recopilar capturas de machistadas nació de aquí.


Me están encantando las entradas de Jessica Fillol de respuesta a preguntas neomachistas. De momento, tiene 3: ¿Las feministas odiáis a los hombres?, ¿Por qué decís que todos los hombres somos violadores en potencia? y ¿Las feministas no sois en realidad machistas...?. Espero que continúe publicando este tipo de cosas. Se expresa mucho mejor que yo y encima es una sucesión de zascas.


El lunes pasado fue el Día Internacional de Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina y, como es lógico, saltaron los típicos "¿Y los hombres qué?". Nada nuevo bajo el sol, por desgracia. 


Ya es de la semana anterior, pero hoy me he releído este gran artículo de La Marea, sobre monogamia, poliamor y leyes, tanto escritas como no escritas, que discriminan el segundo tipo de relaciones.

Y hasta aquí mis pensamientos de domingo.

viernes, 10 de febrero de 2017

Despotricando sobre... #EstásGeneralizando y #NotAllMen

Imagen compartida por Feminist United

No es raro que cuando se publican carteles como el que encabeza esta entrada, o cuando se habla de agresiones sexuales o de, en general, los privilegios masculinos, siempre salga algún tío diciendo que #NotAllMen, y bastantes veces acompañándolo de un "feminazi" que demuestra de forma muy contundente que sí, él está por la igualdad, no como nosotras.. claro que sí, guapi.


Yo cuando me sale un NotAllMen diciendo que las mujeres somos mu malas, mu malas.

Ahora hablando en serio... hombres del mundo (aquí marcándome una generalización tó guapa), ¿de verdad, de verdad, cuando en menos de dos meses de 2017 ya tenemos 10 víctimas mortales de VdG lo primero que os sale es "hey, hey, yo no, feminazi, NotAllMen, yo soy un buen tío"? ¿O cuando salen carteles como el del encabezado lo primero que pensáis es "oye, oye, no, estás generalizando, eh, y haces #FlacoFavor al feminismo, y #NotAllMen"? 

Sólo para que quede claro, cuando hablamos de actitudes machistas y hacemos carteles como el de arriba, no nos referimos a vosotros como personas individuales (no sois tan interesantes como para que cada cosa que publicamos sea una indirecta personal, no os vengáis arriba), sino a los hombres como grupo privilegiado, de la misma forma que un cartel similar podría aludir a heteros o blancos con respecto a personas LGBT o no blancas. 

Y, de la misma forma que yo haría (vamos, quiero pensar que así sería, que no me quedaría en la superficie) si me ofendiera por un cartel semejante en que se aludiese a mis privilegios como persona hetero y blanca, quizás deberíais preguntaros por qué os dais por aludidos. ¿Es porque realmente son cosas ofensivas o porque os incomoda que aluda directamente a los privilegios masculinos y a las consecuencias que han tenido y tienen para las mujeres? Por experiencia propia, yo diría que lo segundo: a todos nos incomoda que aludan a nuestros privis y a la situación que viven aquellos que no los tienen; y es natural, rompe nuestros esquemas, nuestra concepción de la realidad, pues aceptar que tenemos privis implica aceptar responsabilidad sobre lo que hacemos y decimos con respecto a personas no privilegiadas. ¿Y sabéis qué? No pasa nada por aceptarlo. No pasa nada por asumir que siendo hetero y/o blanco tienes determinados privilegios. No tienes la culpa de ellos, pero sí la responsabilidad de no perpetuarlos (friendly reminder: responsabilidad =/= culpa). Y repetir una y otra vez que tú no, que tú no eres así, que generalizar es muy malo, o buscar medallitas por no ser un violador, como el sujeto de este cartel, NO es la forma (sí, revelación inesperada, centrarse en desmentir actitudes machistas en lugar de pelear contra ellas, no ayuda, os comprenderé si os quedáis en shock por ello). 

En resumen, queridos, menos #NotAllMen y #MaleTears y más deconstruirse

Y si no queréis hacerlo, bueno, por mi parte sólo cabe una respuesta...

Imagen extraída de aquí





lunes, 9 de enero de 2017

Reflexión sobre...feminismo, ecofeminismo y creación de categorías



Este post enlaza en cierto modo con el que publiqué hace unos días, mi "Reflexión sobre...discrepancias y autocensura feminista", y es también una profundización en un hilo que he publicado en twitter a raíz de la tremenda persecución que está recibiendo Jessica Fillol por parte de un sector del feminismo. Os lo resumo: mujeres feministas  y veganas deseando que otra mujer sea violada como respuesta a un sarcasmo por el flame al que la llevan sometiendo una o dos semanas.

Hasta ahora, realmente, no había prestado demasiada atención a ese sector feminista que habla de "feminismo vegano" o ecofeminismo, pero a raíz de esto le he empezado a dar vueltas. Vaya por delante una cosa: no soy vegetariana ni vegana, pero me parece una postura ética irreprochable y digna de admiración por el compromiso que supone. He tenido la suerte de que jamás me ha tocado conocer en persona a vegetarianxs/veganxs como lxs que estoy viendo en twitter sacar las antorchas contra Jessica, sino a personas maravillosas a través de las que he conocido diversas alternativas, si no vegetarianas/veganas, sí más éticas y responsables para con los animales y el medio ambiente.

Ahora, el meollo de la cuestión: hablar de ecofeminismo, de feminismo vegano o cómo se le quiera llamar, me parece hacer una mezcla de conceptos que tienen poco que ver. Obviamente, no quiero decir con esto que no se pueda ser feminista Y vegetarianx/veganx, no son categorías excluyentes, pero creo que ninguna tiene que ir necesariamente incluida en la otra; el feminismo es, y debe ser, transversal, ya que vivimos en una sociedad en la que prácticamente cualquier discriminación se potencia cuando eres mujer, pero la creación de una categoría mediante la mezcla de dos cuestiones que, si bien se encuentran relacionadas por tener su base en un sistema de dominio, no tienen, que yo perciba, mayores puntos en común me parece un sinsentido equiparable en su absurdidad a definirse como "homosexual nazi" (los hay, no me lo invento, no sabía si reír o llorar cuando lo descubrí).

Además, me parece aún más absurdo realizar esta categorización cuando la nueva categoría se utiliza como excusa para repartir carnés de feminista y para hacer de menos y atacar a otras mujeres. Ya hay suficientes disensiones en el feminismo, empezando por el feminismo abolicionista vs. el feminismo pro-sex (posturas ambas en las que no me encuentro cómoda... pero eso es tema para otra entrada), y no es necesario crear categorías y líneas de pensamiento completamente artificiales. Y eso por no hablar de los testimonios en twitter de personas que, queriendo ser veganas y sin poder debido a TCA u otras dificultades, han sido objeto de ataques por parte de mujeres feministas y veganas. 

El movimiento feminista, como dije en su momento en la entrada enlazada más arriba, tiene, como es lógico, múltiples líneas de pensamiento, pero el veganismo no está ni, en mi opinión, debe estar, incluida dentro de ellas. Ser vegetariana o vegana es una opción ética que no tiene nada que ver con la liberación de la mujer, y equiparar el violar a una mujer con explotar a una vaca para que dé leche constantemente, implica llevar a cabo un ejercicio de misoginia realmente preocupante. 

Puede que esta reflexión no sea acertada, puede que me equivoque de medio a medio; es posible que dentro de unos meses mi opinión sea completamente distinta, pero en lo que sí no voy a cambiar de opinión es en una cosa: ni yo, ni nadie, sea veganx, abolicionista, pro-sex, radical, feminista de la diferencia, transfeminista, lo que sea, tiene autoridad moral (o de cualquier otra clase), para dar o quitar carnés de feminista. 


Mafalda y sus amigos lo tenían claro, deberíamos seguir su ejemplo

Para finalizar esta entrada, me gustaría invitar a leer este hilo que he encontrado hoy y que, a mi manera de ver, refleja muy bien lo mismo que he querido transmitir con esta entrada: https://twitter.com/puckmnd/status/818204712487030788.



jueves, 5 de enero de 2017

Reflexión sobre... discrepancias y autocensura feminista

La existencia de diversas corrientes del feminismo es algo que ya era de sobra conocido para mí cuando comencé a tomar conciencia de la gran cantidad de machismo que hay en la sociedad en la que he crecido y a darle nombre a ese vago sentimiento que me embargaba al detectar un comportamiento que me parecía injusto.

Sin embargo, no es hasta estas dos últimas semanas, con la polémica que ha estallado en torno a Locas del Coño, que me he dado cuenta de hasta qué punto el feminismo se ve viciado por las formas de relacionarse típicas del patriarcado aún cuando no lo deseemos. ¿A qué me refiero con eso? Pues básicamente a crear categorías excluyentes dentro del feminismo y sostener que "mi feminismo (mi pensamiento) es el único válido y tú te equivocas", a querer tener una posición de superioridad con respecto al otro. Básicamente, ir repartiendo "carnés de feminista".

Lógicamente, de un movimiento que sólo tiene en común la búsqueda de la liberación de la mujer, no cabe esperar homogeneidad, ni siquiera es deseable, pues somos muchos tipos de mujeres distintas, cada una con sus circunstancias. No aporta al debate la misma experiencia una mujer blanca, heterosexual y de clase media-alta que tiene una formación académica superior, que una mujer negra, lesbiana, de clase obrera y con una formación académica básica. Ni tampoco una mujer criada en una familia católica (aún sin ser creyente) que una mujer criada en una familia musulmana. Con semejante pluralidad de mujeres, no es de extrañar que surja una pluralidad de corrientes dentro del movimiento. Pero, ¿qué ocurre cuando, como digo más arriba, llegan personas con ánimo de repartir carnés de feminista? Básicamente lo mismo que le ocurre a la izquierda en este país: desbandada general y un todas contra todas que no lleva a nada más y que sólo beneficia al patriarcado, que se queda sentadito comiendo palomitas y mirando cómo el movimiento se destroza a sí mismo desde dentro.

Es obvio que cada una de nosotras tendrá su manera de entender y vivir el feminismo. Desde el feminismo abolicionista al pro-sex, pasando por el ecofeminismo y multitud de matices más. Yo tengo una forma de entender el feminismo (que no viene al caso aquí), y, desde luego, no siempre soy perfecta en mi defensa de esa idea (tengo tendencia a ser bastante dogmática; me voy deconstruyendo e intentando adoptar otras formas), pero sí tengo clara una cosa: si pretendemos convertir el espacio público en un lugar seguro para todas las mujeres, hemos de lograr primero que el debate entre nosotras sea seguro. Y lo que he visto últimamente indica todo lo contrario. Compañeras que no se atreven a aportar al debate por miedo al flame, por miedo a que OTRAS COMPAÑERAS las ataquen. Y eso no es normal. No se debería exigir un pensamiento perfecto y 100% coherente, porque no somos perfectas, y asumir que lo eres y repartir carnés en base a ese pensamiento es, siento decirlo, cumplir exactamente con la misma dinámica que el machismo.

Y hasta aquí mi reflexión.

viernes, 30 de diciembre de 2016

El acoso machista en las redes

Que el acoso machista a través de las redes es una realidad, yo ya lo sabía mucho antes de hacerme twitter y de empezar a publicar en el blog, pero no sospechaba la verdadera dimensión de ese acoso hasta que encontré el blog de Jessica Fillol y, ahí, su testimonio de cómo llevan acosánola durante años por twitter, por Facebook y en su propio blog. Y, como ella, muchas otras activistas feministas en las redes, hasta el punto de que muchas de ellas llegaron a abandonar ese medio como manera de hacer activismo.

Como alguien que lo ve desde fuera (por suerte, no he llegado a ser víctima de un acoso continuado, sino de forma colateral al dar un toque a alguno por su actitud… y es triste que tenga que sentirme afortunada de que no me acosen, ¿no creéis? Pensad sobre ello: me siento afortunada de poder expresarme sin que haya un grupito de chacales pendientes de volver cada palabra contra mí, cuando eso debería ser LO NORMAL), muchas veces siento rabia e impotencia, no sólo por las compañeras feministas que reciben ese acoso, sino también porque, en la línea de la reflexión que cierto día lanzó Alicia Murillo en unas jornadas en Lalín, sé que esos hombres, que publican datos personales de las feministas a las que acosan, animan a otros a ir a darles una paliza, son unos cobardes que no se van a arriesgar a hacer algo por lo que se les pudiera identificar, no, ellos desahogarán su rabia, su cobardía, su infelicidad, su miedo, en la mujer que tienen al lado: su madre, su pareja, su hija, su hermana, la trabajadora del sexo a la que acudirán esa noche… Siento rabia e impotencia por no poder ayudar a esas mujeres, por no poder hacer, como en twitter, “Reportar cuenta” >> “Bloquear” >> “Cuenta suspendida”.

Pese a esa rabia e impotencia, a que me gustaría poder hacer algo por las compañeras que sufren ese acoso en las redes más allá de simplemente reportar una cuenta que resurgirá cincuenta veces más con otros nombres, y a que desearía con toda mi alma poder apoyar a las mujeres que tienen que aguantar a diario a los hombres reales que hay tras esas cuentas, no puedo evitar pensar que realmente somos una fuerza a tener en cuenta, somos cada vez más, y cada vez más dispuestas a armar jaleo. No conozco en persona a prácticamente ninguna de las activistas feministas que sigo en las redes, pero no puedo por menos que sentirme reconocida en ellas y a ellas por su labor, una labor que tiene un alto precio, y a pesar de ello siguen ahí, en primera línea, gritando a la cara de la sociedad lo que ésta muchas veces no se atreve a reconocer y recibiendo pedradas por ello.

Y esta reflexión es uno de mis pequeños granitos de arena al apoyo y agradecimiento que merecen por ello.