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lunes, 20 de noviembre de 2017

Presunción de culpabilidad


El juicio por la violación de los Sanfermines, como era de esperar, es tremendamente mediático. Hemos tenido una semana en la que en todas las redes sociales, se hablaba de ello constantemente. Como también era de esperar (y no por esperado ha causado menos rabia y tristeza), el tratamiento de los medios y las reacciones de buena parte del público merecen el calificativo de "asqueroso". 

La cosa no habría ido más allá de eso, de lo que ya estamos acostumbradas a ver cuando se trata de un caso de violencia de género (y sí, una violación a una desconocida es violencia de género aunque la ley no lo contemple así), de no haber trascendido el detalle de que uno de los violadores hizo seguir e investigar a la víctima por un detective privado y que el juez aceptó incorporar el informe de dicho detective a las pruebas de la defensa (si bien se retiró a posteriori por petición de uno de los abogados, que pidió además que se tuviera por no presentado). No voy a entrar a valorar la decisión del juez legalmente hablando (eso se lo dejo a abogados, como @Subnorbook), mi reflexión sobre ello va sobre otro lado.

Con esto- el tratamiento de los medios, la reacción del público, el informe, etc.- queda claro algo que desde el feminismo se lleva denunciando años: la presunción de culpabilidad de las mujeres.

¿A qué me refiero con eso? Cuando se denuncia una agresión sexual, una violación, violencia de género en general, sobre la mujer pesa un doble trabajo: demostrar que lo ha sufrido y demostrar que no lo merecía. Porque el discurso es que a las chicas buenas no les pasa, a las que siguen las normas nadie las agrede, a las que se quedan en lo que Jessica Fillol llama aquí "el lado seguro del patriarcado" no las violan ni las maltratan, por lo tanto, si lo has sufrido igual lo merecías, por puta. ¿Que estabas demasiado borracha para consentir? Te lo mereces por beber (como parece insinuar esta campaña en contra del consumo de alcohol en menores). ¿Tenías demasiado miedo y te quedaste paralizada? Te lo mereces por no resistirte, o igual es que sí querías y denuncias por despecho. ¿Te ha violado tu novio? Es que has elegido mal y debes atenerte a las consecuencias. ¿Te ha violado tu mejor amigo? Es que los hombres cuando se aceleran no controlan y si te quedaste a solas con él sabiendo eso, es que lo estabas buscando.

El informe de un detective y el hecho de que se haya aceptado como prueba es, en esencia, una de las muchas manifestaciones de esta presunción de culpabilidad que pesa sobre las mujeres que denuncian. Si no te comportas de determinada forma tras ser violada, si vuelves a viajar, a colgar fotos en las redes sociales, a exponerte de alguna forma ante los demás... entonces igual no has sido tan víctima o, si lo has sido, no te ha afectado tanto y, por lo tanto, pobres chicos, ¿por qué destrozarles la vida? Se pruebe o no la culpabilidad de "la Manada", la existencia de este informe y su aceptación como prueba de la defensa sienta un peligroso precedente, no tanto legal (ya que legalmente nunca ha estado prohibido investigar a quien denuncia un delito) como social. ¿Por qué digo esto? Porque un juez no deja de ser una figura de autoridad y, como tal, sus decisiones y actuaciones tienen un poder legitimador a nivel social. Así, a partir de ahora, cuando una víctima de violación o de violencia de género denuncie, muchos agresores se verán legitimados para hacerla seguir y demostrar que sigue con su vida, que no se ha hundido y, por lo tanto, que igual no es tan víctima. Supone una nueva violación, esta vez de la intimidad. Supone una nueva manifestación de la revictimización a la que se ve sometida una mujer que se atreve a denunciar. Supone un nuevo cuestionamiento, ahora ya más allá de los hechos en sí, también de su vida después de ellos. Supone, en resumen, una nueva forma de violencia patriarcal, social e institucionalmente aceptada. 

Supone que muchas mujeres que se habrían atrevido a denunciar, ahora no lo harán.

A la espera de que llegue el día en que a las mujeres no se nos cuestione sistemáticamente, que no se nos presuma la culpabilidad mientras a los hombres se les presume la inocencia... a la espera de ese día, sólo nos queda gritar: 

¡HERMANA, YO SÍ TE CREO!

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