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lunes, 26 de junio de 2017

Reflexión sobre... la evolución de mi pensamiento feminista





Hace varios años, cuando tomé conciencia por primera vez de que tal vez ese cabreo y sentimiento de injusticia ante determinadas cuestiones que me rodeaban era feminismo, comencé a interesarme por el movimiento, sus orígenes y muchas otras cuestiones que rodeaban un concepto bastante negativo (baste decir que me justificaba con aquella frase de "yo no soy feminista, pero..."). 

Así, me inicié en el feminismo de forma bastante solitaria y errática, sin lograr entender del todo las cosas que me encontraba, la información contradictoria, muchas veces despectiva, otras veces tremendamente abstrusa... hasta que acudí por primera vez a Lalín con motivo de la celebración del curso "IX novas fronteiras na igualdade de oportunidades 2.0: A escola da comunicación igualitaria" en el año 2013. Gracias a las charlas y conferencias en aquel curso, me fui haciendo cierta idea acerca del feminismo y de lo que realmente defendía. No obstante, seguía teniendo dudas, y oscilaba entre varias formas de llevar a cabo el análisis feminista.

Así, hasta hace realmente muy poco (creo que no comencé a hacer un análisis propio realmente crítico - y autocrítico - hasta hace un par de años, más o menos, y el cambio más radical en mi forma de pensar no tuvo lugar hasta hace menos de un año, cuando, si bien sostenía no tenerlo del todo claro, realmente cada vez empezaba a verlo más claro) se me podía considerar libfem, es decir, feminista liberal. Se puede decir que el feminismo liberal es un feminismo "tibio" que no cuestiona de forma contundente los privilegios masculinos. Un "perfil" de libfem, si es que se puede hacer uno, sería el de quien defiende la prostitución, la gestación subrogada,etc., entendiendo que son decisiones personales y potencialmente empoderantes; es decir, realizando un análisis desde el individuo. Naturalmente, las libfem están en contra de la violencia de género y, salvo alguna que otra gilipollas a la que yo, personalmente, no consideraría feminista, no culpan a la mujer de la situación de violencia o de las agresiones que viven. ¿Qué sería entonces lo "opuesto" al libfem? Pues el radfem o feminismo radical, llamado así porque va directo a la raíz del problema: el patriarcado y la opresión estructural derivada de éste, llevando a cabo un análisis basado en lo colectivo, en la sociedad, y no en el individuo. Una de las características principales del feminismo radical podría ser la búsqueda de la abolición de los roles de género. 

Después de muchos bandazos, de muchas lecturas, discusiones e incluso peleas con gente en las RRSS, mi pensamiento ha ido cambiando poco a poco y cada vez me he ido decantando más hacia el feminismo radical. Si bien no estoy de acuerdo con algunos de sus planteamientos, creo que hoy en día es lo más aproximado a mi manera de pensar y sentir (curiosamente, la mayoría de las radfem que conozco, bien en persona, bien a través de las redes, han tenido una progresión similar, pasando por el libfem antes de llegar al radfem).

Naturalmente, sigo evolucionando y reflexionando, pues van surgiendo diferentes temáticas a las que no había prestado atención o que incluso desconocía. Así, mi postura sobre la Gestación Subrogada, por ejemplo, ha cambiado de forma bastante vertiginosa, desde una postura que, si bien se encontraba bastante centrada, se decantaba más hacia el feminismo liberal, hasta una postura que se encuadra de forma clara en el planteamiento general del feminismo radical sobre esta cuestión.

Mi evolución no habría sido posible si no fuese gracias a compañeras feministas de las que he aprendido y con las que he llevado a cabo una reflexión común, o incluso aquellas con las que he llegado a sostener opiniones totalmente opuestas, la mayoría de las veces, por desgracia, sin que haya llegado a ser posible un entendimiento. Y, aunque muchas (la gran mayoría, en realidad) no me lean, desde aquí les doy las gracias.

En resumen, el feminismo para mí ha sido, y es, constante cambio y evolución, a veces incluso retroceso, pero siempre intentando cuestionar y cuestionarme. El feminismo me ha enseñado a quererme y a autocuidarme. Me ha enseñado a fiarme más de mí misma y de mis percepciones. Me ha enseñado a decir "no".

El feminismo, en resumidas cuentas, me ha convertido en la persona que soy a día de hoy.





1 comentario:

  1. Ser feminista ha sido uno de mis mayores dolores de cabeza, en el sentido de que ha supuesto (y sigue suponiendo) cuestionarse cada estructura, cada relación, cada comportamiento, cada palabra, cada aspecto recóndito de nuestra cultura, de nuestra sociedad y de la vida en sí.
    Quizás el mayor esfuerzo de aprendizaje que he hecho es que no existe UN feminismo o EL feminismo, sino que existen muchos feminismos según en qué contexto/cultura se desarolle. Hablo, lógicamente, de un aspecto del que muchas feministas blancas se olvidan: la interseccionalidad. Doy gracias a las feministas racializadas (de ellas, de nuevo, aprendí que ni el término "person of color" y "personas racializadas" son correcto porque las personas blancas también estamos racializadas, es decir, estamos clasificadas según un categoría racial) por hacerme consciente de que, aun siendo mujer, tengo mis privilegios como mujer blanca sobre otras mujeres. Es decir, a la lucha feminista se unen la cuestión racial, la diversidad sexual, la discapacidad, etc.
    Lógicamente, todo eso no se aprende en un día. En mi cosam, ya partía de una base como trabajadora social y educadora social. Aun así, sigo aprendiendo, cuestionándome comportamientos e ideas, informándome y, sobre todo, escuchando.

    Gran parte de mi deconstrucción la hice gracias a Twitter porque por desgracia apenas se habla de feminismo en las carreras que he hecho. Y es triste, muy triste. Sí, se habla de violencia contra las mujeres, racismo..., pero no se ahonda en el porqué de esa violencia contra las mujeres, las personas de otras razas, etc.

    Lo importante es seguir aprendiendo, seguir deconstruyéndose.

    ¡Un saludo!

    PD: otra lección muy, muy importante que he aprendido es a decir "no", "no quiero", "no me apetece", "no me gusta" y a no sentirme avergonzada o culpable por decirlo.

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