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viernes, 18 de agosto de 2017

Barcelona

En las Ramblas bebí la mejor sangría de mi vida. En un restaurante chino en el que dos de mis amigas y yo nos pusimos moradas de comida y de sangría. Volvíamos a nuestro alojamiento riéndonos tanto que se nos saltaban las lágrimas.

Fue hace ya años, pero podría haber sido ayer. Podríamos haber estado allí ayer, disfrutando de una cena y de jarras de sangría en rápida sucesión. Podríamos haber salido del restaurante y que las lágrimas de risa de pronto se transformasen en lágrimas de terror.

No estábamos allí.

Pero sí lo estaban más como nosotras. Hombres y mujeres que salían de cenar y de beber, que reían antes de empezar a darse cuenta de que algo ocurría. 

Ante cosas así, las reacciones son variadas. Me siento bien al poder decir que he visto grandes muestras de solidaridad, trabajadores demostrando que la clase obrera sabe permanecer unida, repulsa hacia los atentados y determinación de no dejarse vencer por el miedo.

Pero después está la otra cara de la moneda. Gente insensible que compartía los vídeos e imágenes en contra de las peticiones de los Mossos, gente dando muestras de catalanofobia, gente intentando sacar rendimiento político de la situación... y gente racista y xenófoba. He tenido que bloquear a tres de ellos en mi propio facebook por sus comentarios. Y estoy decepcionada y enfadada. Les están haciendo el juego. Como bien se dice en este artículo de La Marea escrito por Antonio Maestre, uno de los objetivos de DAESH es eliminar la "zona gris", la coexistencia pacífica y para ello, qué mejor que sembrar el miedo y favorecer la creación de extremos (de los verdaderos, no los "extremos" de racista/antirracista o machista/feminista de los que habla gente mal informada o malintencionada). 

Y lo peor es que la gente cae. Y así entramos en un ciclo de culpa y caza de brujas donde los afectados no serán los poderosos, ni los que realmente hacen daño, sino la gente corriente, ciudadanos, obreros. La gente asustada busca una cabeza de turco y son los intereses políticos los que se la dan. No les sigamos el juego, por favor.


Todo mi apoyo y afecto a las víctimas y a sus familias.


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