Cuando llegas a 1º de carrera eres un pipiolo o una pipiola que sueña con sacar matrícula en todo o con ir a clase sólo los jueves con la luna en cuarto creciente y Venus en Júpiter, o con salir todas las noches o simplemente con ir a clase y de vez en cuando salir. En todo caso, acabas de terminar 2º de Bachillerato, un año bastante horroroso, así que si has entrado en una de tus opciones de carrera, el futuro pinta color de rosa. Si además te vas fuera de casa, ya oyes la botella de champán descorchándose. Todo es maravilloso y llegas convencido/a de que vas a arrasar, en estudios, en ligues o en botellas de cerveza por semana o en todo a la vez porque cosas más raras se han visto y si en las series made in USA pueden, tú también.
Llegar a 4º de carrera, ya sea realmente en tu 4º año, o en el 5º o en el 6º año que estás en la universidad, es algo un poco diferente. Como una imagen vale más que mil palabras...
1º de carrera
"Oooh, qué bonita la facultad, qué original ese techo con goteras, qué simpáticos los profesores", piensas con inocencia y optimismo abofeteables.
4º de carrera
" Otro año más en esta mierda de edificio helado, 6 putos años sin arreglar las goteras, ahí está el hijoputa que me hizo ir a última convocatoria con un 4.90, sí, ahora me sonríes, mamón".
Pero tranquilo/a, pájaro desplumado, que aún te queda lo peor, el TFG. Para los pre-Bolonia que tuvisteis la fortuna de poder pasar olímpicamente de todo, el TFG es la nueva tortura de moda en la universidad. Como no ha bastado con que durante 4 años (o 5 o 6) hayas demostrado que más o menos sabes de qué va tu carrera y no has hecho ninguna barbaridad en las prácticas por las que te pudieran denunciar, deciden que debes dedicar X meses de tu vida a investigar y redactar un trabajo alrededor de un tema que, si tienes suerte, escoges tú. Sé que en otras carreras y facultades, todo iba un poco por "Sálvese quien pueda", se practicaba el acoso y derribo a los tutores que te interesaban, o que tenían un tema interesante,y si tenías suerte y había alineación planetaria, obtenías el tema que te interesaba, el tutor o tutora se convertía en un segundo padre/madre para ti y todo era tan luz, color y unicornios rosas como en 1º de carrera.
En mi caso fue un poco... diferente *insertar musiquilla ominosa*. Para contar mi "Drama en tres actos", hemos de irnos un poco al pasado... El año, 2014; el lugar, facultad de Psicología de la USC (el que sepa de dónde he robado la estructura de la frase, gana un sugus de piña que me comeré a su salud). Eran finales de otoño y aquellos que teníamos como aspiración acabar en junio de 2015 (que todos lo consiguiéramos o no, es otra cosa), nos reunimos en el salón de actos de la facultad para la asignación de temas y tutores por orden de nota. Yo, que soy muy previsora o un estrés con patas, según a quién le preguntes, llevaba en una mano la lista de todos los temas y tutores y en la otra la lista, por orden de preferencia, de los temas y tutores que me interesaban. Eran aproximadamente 20, algunos con 3 o 4 plazas. Bien, volaron todos. Después de secarme las lágrimas con los restos de mi autoestima de estudiante, llegué a la conclusión de que las opciones estaban entre un señor que estaba al borde de la jubilación (para mí que llevaba 20 años al borde de la jubilación) y una mujer que me había dado prácticas muy brevemente allá por segundo de carrera y con la que ya había tenido un rifirrafe. Bueno, pensé en mi inocencia, igual no me reconoce, antes era rubia, vestía siempre de negro con tachuelas y demás... Ja. Y ahora da comienzo realmente el "Drama en tres actos"
Acto I. La tutora que no me quería.
Creo que este tema es un poco inasequible para ti, ya que cuando te di clase aprobaste mi parte por los pelos.
Apenas había tomado asiento y la primera en toda la frente. Como creo en la técnica de la agresividad pasiva y de fingirme más tonta que un zapato cuando hablo con alguien que claramente me considera más tonta que un zapato, me hice la loca y compuse una sonrisa lo más falsa y amplia posible para asegurarle que el tema me apasionaba (mentira), que tenía ganas de trabajar con ella (hola, Pinocho) y que los resultados de cuatro años atrás no demostraban mucho (añadido mentalmente: encima el problema fue que no me dejabas cambiarme de sitio cuando no oía tus instrucciones para la práctica, gilipollas).
Bueno, si estás decidida, lee este libro *papelito con el título* y ya me dirás a ver si sigues con esto o te animas a escoger un tema más asequible para ti. [Traducción: déjame en paz, sorda retrasada]
Después de este bonito reencuentro, las ganas de hacer ese TFG en particular habían aumentado. Por joderla, básicamente. Total, que fui a por el libro y... Este libro se encuentra en préstamo hasta el 20 de enero. El otro único ejemplar lleva pendiente de devolución desde el 2009.
Si es que parezco nueva. ¡Tenía que haberle robado el ejemplar que tenía ella en el despacho! Y después dejarle una cabeza de caballo en la puerta.
Acto II. La tutora que me dejó tirada
Después de la edificante (ejem!) reunión con la tutora, decidí que ya habíamos tenido paz y amor suficientes para una temporada, así que le comuniqué mi decisión de continuar con el tema una vez leído el libro recomendado (gracias a una compañera que lo tenía) a través de un e-mail.
La respuesta no se hizo esperar.
Debido a circunstancias personales, este año es bastante probable que no me pueda hacer cargo de ningún alumno para el TFG, así que hablaré con el departamento a ver si te podemos asignar otro tutor. En una semana o así te digo algo.
[Traducción: mierda, esta niñata sigue emperrada en seguir con este tema. Vamos a ver si este año (sí, no era el primer año que se inventaba excusas para no tutorizar a alguien, doy fe de ello) cuela lo de que tengo problemas personales y me libro de ella].
Bueno, pensé, esperaré una semana justa. A ver qué pasa.
Acto III. Vuelve dentro de una semana a ver si te conseguimos otro tutor
El título es bastante spoiler, la verdad. En fin... unos diez días después de ese cariñoso e-mail todavía no sabía nada de ella y dos mails míos no habían obtenido respuesta, así que decidí ir a hablar con la coordinadora del TFG. La siguiente escena se me quedó grabada a fuego, la verdad:
- Hola, venía a comentarte... en fin... supongo que ya lo sabes, pero resulta que mi tutora del TFG *insertar nombre aquí* me ha dicho *texto del e-mail*, y quería saber si ya teníais alguien en mente para ir poniéndome en contacto, porque estamos a finales de noviembre y dentro de tres semanas ya son vacaciones de navidad y quería ir empezando a hacer algo.
+ ¿Cómo? Espera...- con cara de "Ay, que me he dejao las lentejas al fuego", la coordinadora sale disparada del despacho. Susurros apresurados en el despacho, contiguo, de la decana. Regresa con cara de "Voy a fingir que esto no me ha pillado por sorpresa"- Aaah, sí, no me acordaba. Bueno, vente dentro de una semana a ver si tenemos ya a alguien.
FIN DEL DRAMA EN TRES ACTOS
Tardaron casi tres semanas en encontrar a alguien. Pero mereció la pena. El tema no me interesaba demasiado, pero el tutor consiguió que lo hiciera. Y todo fue luz y color y unicornios rosas. Y estrés, mucho estrés. Tanto que juré no volver a hacer nada semejante. Meses después me tuve que tragar mis palabras al matricularme en un máster y tener que hacer el TFM, pero esa es historia para otra ocasión.
Moraleja: tómate el TFG con filosofía; si no es todo luz, color y unicornios rosas por lo menos has aprendido a enfrentarte a la peor de las burrocracias, la universitaria.