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lunes, 3 de octubre de 2016

Declaración de amor... al café



La primera vez que bebí café fue en Roma, en un viaje con un pequeño grupo de compañeros del colegio (los de Letras puras de 1º y 2º de Bachillerato). Eran aproximadamente las 9 de la mañana. La Bicha Artista y yo, que nos habíamos pasado la mitad de la noche en la habitación de tres de nuestros compañeros de cháchara, estábamos más muertas que vivas. La Bicha, ya iniciada en el mundo cafetil, se sirvió lo que para mí entonces era un brebaje asqueroso y prácticamente me arrebató mi taza de las manos para servirme uno a pesar de mis protestas. Seis azucarillos después (apenas podía mover la cucharilla) ya era una iniciada en el mundo cafetil.

Cargado, suave, con miel, con azúcar, en tacita, en tazón, acompañado de sobaos, de galletas, de tostadas. Con leche, con bebida de avena/arroz/soja. Por las mañanas y por las tardes. Después de una comilona, después de la siesta, para entrar en calor... 

El café es despertarse por la mañana e ir arrastrando los pies para dejarlo preparándose mientras intentas ser un humano decente en el baño, es la excusa para quedar ("te hace un café?"), la frase mágica para convertir un día de mierda en un buen día ("tomamos un café y me lo cuentas"), la mejor manera de prevenir un asesinato o suicidio en un momento de estrés ("vamos a tomarnos un café antes de que asesine a alguien o me cuelgue de la lámpara"), la excusa para no estudiar cuando quedas a estudiar ("venga, va, hacemos una pausa y nos tomamos un café"). Es la anécdota de cuando manché de café el techo de la cocina. Es momentos de retraso máximo cuando lo derramo por todas partes. Es aquel día en que me olvidé de la cafetera en el fuego y cuando me acordé ya no quedaba café en ella porque inundaba la vitro. Es el día en que se lo escupí a La Bicha Artista en un momento de hilaridad. 

Es esas cosas y muchas más. Casi ocho años después de aquel primer café horroroso, tengo una historia de amor con el café mejor que la de Romeo y Julieta, Hamlet y Ofelia, Steve Rogers y Bucky Barnes... 

A veces lo sustituyo por el té, pero no es lo mismo.

Amo mi café y mi café me ama.


Sí, y también amo Queen, y los videojuegos xDD



3 comentarios:

  1. Eh, eh, eh, que Romeo y Julieta y Hamlet y Ofelia que son un pésimo modelo amoroso porque ambos pasaban mil de la chavala en cuestión (Hamlet más, que me la vuelve loca, Romeo confundía lujuria y amor), pase, ¡pero Steve y Bucky...! ¡Eso es amor puro! XDD

    P.D: Lo que más me gusta de estas parejas es que la mujer siempre es la de los monólogos sublimes, mientras que los hombres son unos intensos de la vida que con amor o sin él están más destinados a la muerte que el idiota de Calixto (que encarna la parodia de todos estos "grandes amadores"). XD

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    Respuestas
    1. Sabía que reaccionarías a una mención al Stucky xDDD

      A ver, Romeo es un "Crónica de una muerte anunciada" desde el momento en que anda por ahí cargándose a media Verona. Es un cani de manual. Sólo le falta citarse en el polígono para dar yoyas y andar por ahí en moto sin casco to' chuleta xDD

      Me alegra que me comentes ;)

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    2. Lo has hecho con nocturnidad... ¿¡y alevosía?! XDD
      Seguro que las citas de parejas también eran un reclamo. XD

      Aunque hay que concederle que por lo menos él está enamorado, que Hamlet ni eso. A don Hamlet yo me lo veo jugando con Ofelia para divertirse el muy desgraciado. XD

      Y a mí que me respondas. <3
      Tampoco es raro que lo haga, ¿no? XD

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