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lunes, 3 de junio de 2019

Crítica de... el final de Juego de Tronos


Los finales de las series no suelen dejarme mal sabor de boca, como mucho una sensación agridulce por el hecho de acabarse. Con Juego de Tronos tuve dos sentimientos: alivio porque se hubiera acabado semejante despropósito de temporada y cabreo por el potencial perdido. 

¡OJO, SPOILERS!

A título personal, yo siempre tuve la expectativa de que la serie siguiera el mismo camino que, aparentemente, se va a seguir en los libros, es decir, convertir el Juego de Tronos en una cortina de humo, una distracción, para lo realmente importante, la Canción de Hielo y Fuego y la amenaza sobrenatural. La serie, de hecho, parecía seguir ese camino: durante siete temporadas, de una forma u otra, la amenaza de los Otros siempre estuvo presente, como algo que se iba gestando en las sombras y que trascendería cualquier lucha de poder entre los nobles, hasta el punto de que éstas dejarían de tener importancia ante la verdadera amenaza. Esto ha sido así hasta el punto de que incluso en la séptima temporada se pone de manifiesto esa necesidad de aliarse ante una amenaza contra toda la humanidad. 

Se puede argumentar que no hay motivo alguno por el que no se puedan subvertir las expectativas y que finalmente esa gran amenaza, en la línea de que Canción de Hielo y Fuego/Juego de Tronos no es una saga de fantasía épica al uso, no sea tal. No está mal subvertir las expectativas; ¿el problema? Que la serie lo ha hecho muy mal; estoy segura de que si Martin llega a hacerlo, lo hará de una forma lógica y coherente con la propia narrativa que ha construido, al contrario de lo que han hecho Benioff y Weiss. 

Empecemos por Arya y el hecho de que se ha convertido en la heroína que acaba con el Rey de la Noche sólo por el "shock value". Los propios Benioff y Weiss confesaron que la idea se les ocurrió hace sólo tres años; es decir, cuando ya estaban en plena evolución los arcos de Daenerys, Jon y Bran, los tres posibles candidatos a acabar con el Rey de la Noche, vía dragones, profecía del Príncipe/Princesa Que Fue Prometido, profecía de Azor Ahai o wargueo. No discuto el hecho de que Arya es objetivamente la más preparada para asesinar a alguien con sigilo, el problema es entrar en directa contradicción con los arcos de personaje sólo para ofrecer al público el impacto de ser un personaje inesperado y muy querido por el público el que acaba con la gran amenaza. 

Dado que la gran amenaza ha sido tan fácilmente eliminada, cualquiera podría pensar que se trataba de una cortina de humo para el verdadero conflicto: el Juego de Tronos. Muy bien, pero, ¿cuál es el problema? Que no hay elementos para el Juego de Tronos. Si quieres que lo importante sea el Juego de Tronos y que la trama sobrenatural sea una distracción no puedes cargarte TODOS los elementos del Juego de Tronos. El Juego de Tronos no es enfrentarse en una batalla por el Trono de Hierro y ya está, el Juego de Tronos es poner en marcha conspiraciones, buscar alianzas estratégicas... Cargarse a prácticamente todas las Casas de Poniente y reducir el escenario a una lucha entre únicamente dos facciones no es Juego de Tronos. Ni siquiera era necesario que continuaran en escena las Grandes Casas; de hecho, la desaparición de estas Grandes Casas (Martell, Tyrell, Tully, etc) habría podido dar mucho juego: luchas dinásticas por hacerse con el poder en Altojardín y Dorne (en vez de ese príncipe desconocido de Dorne del que no se nos dice ni a qué Casa pertenece ni por qué apoya la causa), un Varys conspirador que maniobra para despojar a Daenerys del poder, Sansa jugando al Juego...

En consonancia con el tratamiento pésimo a la trama, está el tratamiento pésimo a los personajes. No sólo, como he apuntado anteriormente, obvian por completo toda la evolución de varios personajes, sino que además intentan mostrarnos una evolución acelerada y poco realista, como es el caso de Daenerys, a quien intentan llevar de A a C sin pasar antes por B. He leído a mucha gente argumentar que Daenerys ya mostraba antes signos de locura; pues bien, no estoy de acuerdo: en anteriores temporadas, e incluso en momentos de ésta, como matar a Varys sin un juicio previo, Daenerys no hizo nada que no hubieran podido hacer en su lugar Robert, Tywin o incluso Ned Stark. Personajes a los que se ha acusado de muchas cosas, pero nunca de locura. La evolución de Daenerys de señora feudal estándar a loca asesina ha sido, se mire por donde se mire, precipitada y mal construida. Por todo esto, la muerte de Dany no da lástima ni alegra; es una muerte sin más, en la que lo único que conmueve un poco es la reacción de Drogon; conmueve más un bicho CGI que los personajes reales, y esto es especialmente cierto en el caso de Jon. Reconozcámoslo: Kit Harington nunca ha sido buen actor y la química entre Jon y Daenerys ha sido inexistente desde el principio por mucho que la serie se haya esforzado en convencernos de que era un gran romance con tintes de tragedia. Sin embargo, más allá de la actuación de Kit, lo cierto es que el guión tampoco era lo bastante bueno como para que saliera airoso (sólo algunos de los actores con más experiencia y/o talento consiguen salir con cierta dignidad de ese guión, como Peter Dinklage, Sophie Turner y algunos más, entre ellos, sorprendentemente, Emilia Clarke, a quien por fin han dejado lucirse). Ya desde hace algunas temporadas, el guión opta por decirnos las cosas en vez de mostrarlas: así, nos dicen constantemente lo inteligente que es Tyrion y lo gran conspirador que es Varys, al tiempo que nos muestran decisiones absurdas por parte del primero y despojan al segundo de toda su capacidad de agencia y maniobra, o nos lo muestran llevando a cabo acciones que después no sirven de nada (las dichosas cartas diciendo quién es Jon). En el caso de Jon es especialmente ridículo, pues nos dicen constantemente que es un gran estratega, carismático y al que la gente sigue... para después mostrarnos que se carga su propia estrategia a pesar de las advertencias de Sansa (Batalla de los Bastardos), no diseña aparentemente ninguna estrategia (Batalla en Invernalia contra el Rey de la Noche), ve lógico llevar un ejército agotado a la otra punta del país sólo porque Dany insiste y no consigue que sus propios hombres sigan sus órdenes (Batalla en Desembarco).

En contraste con todo esto, a nivel técnico la serie ha mantenido un nivel brutal a lo largo de varias temporadas. Merecen especial mención la música (aunque ninguna de las bandas sonoras de los capítulos de esta temporada están a la altura de "Light of the Seven", al menos para mi gusto) de Ramin Djawadi y el vestuario. En este último aspecto, creo que lo más destacable es el increíble vestido de coronación de Sansa, de cuyos detalles ocultos se habla en este vídeo. Pese a sus defectos, casi todos de guión y de timing, la serie nos ha regalado incluso en esta temporada planos brutales, como el de los dragones sobre las nubes y a la luz de la luna, o la llegada del Rey de la Noche y sus acólitos al Bosque de Dioses...

Sin embargo, estos detalles positivos, aunque muy valorables, no compensan la enorme pérdida del potencial de la serie. A mi modo de ver, Benioff y Weiss plantaron semillas en anteriores temporadas (especialmente en las primeras, bajo la supervisión de Martin) que después han olvidado, y eso por no hablar de su interés en dar espectáculo por el espectáculo, sin valorar ni mantener la coherencia con la lógica interna de la serie y con la evolución de los personajes. La serie merecía más, y los fans merecíamos más: un final que apelara a nuestros sentimientos como fans y que tratara con cariño la trama y los personajes. La tendencia a tratarlos mal ya se había visto en anteriores temporadas, pero en esta daba la sensación de que ni les interesaba acabar la serie, sumándose a esto el hecho de que HBO les ofreció prácticamente un cheque en blanco de recursos y tiempo para finalizar la serie, algo que los propios Benioff y Weiss rechazaron, perdiendo una gran oportunidad de despedir a la serie por la puerta grande.

En suma, el final de la serie ha resultado decepcionante a muchos niveles y resulta una lástima que no hayan sabido aprovechar el potencial de una historia que al principio nos ofreció tanto. Me dejo muchas cosas en el tintero, pero creo que ya es hora de finalizar con esta entrada.

Ahora, a esperar por los libros.





martes, 4 de diciembre de 2018

Recomendando a... Colleen McCullough

Creo que ya la recomendé en mi entrada de este año sobre la iniciativa LeoAutorasOct, pero es que me parece que una mención de pasada no basta para hacer una recomendación como es debido de esta autora, así que he decidido dedicarle una entrada entera a ella y a su saga "Señores de Roma", porque la verdad es que, aunque ya venía de fábrica con cierto cariño hacia la Historia (y de ahí que después de una carrera, un máster y preparando oposiciones, me haya metido a estudiar Geografía e Historia por la UNED), esta saga me hizo enamorarme de verdad de la Historia. Concretamente, de la Historia de Roma. Y, más concretamente, de la época más tardía de la República.

Empecemos hablando un poquito de ella. Colleen McCullough nació en Australia en 1937 y murió también en Australia en 2015 (pocos meses antes que Terry Pratchett, si es que ese año no ganamos para disgustos). No era historiadora, sino neuróloga y trabajó durante varios años como investigadora y profesora en Yale; no obstante, gracias precisamente a la saga "Señores de Roma" obtuvo un doctorado honorario en Historia en 1993. Comenzó a publicar en el año 1974, aunque su fama llegó en 1977 con "El pájaro espino". La saga "Señores de Roma" comenzó en el año 1990 con "El primer hombre de Roma" y finalizó en 2007 con "Antonio y Cleopatra".

Ahora vamos con una breve sinopsis de cada una de las novelas y, posteriormente, la impresión que me causó la saga en sí. 

1. El primer hombre de Roma (1990)

En Roma, dos circunstancias facilitan poder establecer una carrera política: familia y dinero. Cayo Mario tiene lo segundo, pero no lo primero, dado que es lo que se denomina un "homus novus"; Lucio Cornelio Sila, por su parte, pertenece a una familia aristocrática, pero se encuentra empobrecido, lo que le cierra las puertas del Senado. Las vidas de ambos hombres cambian cuando Mario se casa con Julia, de la familia Julia (tía del futuro dictador Cayo Julio César) y cuando Sila hereda una fortuna. 

A lo largo de varios conflictos políticos y militares, se irá fraguando el ascenso de Cayo Mario hasta ser considerado "el tercer fundador de Roma", así como el de Sila, quien en un futuro jugará un papel determinante en la Historia de la República Romana. 


2. La corona de hierba (1991)

La carrera política y militar de Mario parece haber finalizado. Tras seis consulados y sus grandes victorias contra los germanos, Yugurta y otros enemigos incluso dentro de la propia Roma, el aclamado como tercer fundador de Roma podría ceder el testigo, especialmente después de un infarto. Sin embargo, no está dispuesto a hacerlo, y cuando un nuevo enemigo amenaza a Roma, vuelve a tomar el mando, con Lucio Cornelio Sila a su lado. Un nuevo infarto, sin embargo, casi termina con la vida de Mario, quien, impotente, presencia como su antiguo aliado va acaparando el poder y honores que Mario cree que le pertenecen. El joven sobrino de su esposa, Cayo Julio César, acompaña a Mario durante su recuperación y comienza a aprender de él todo lo necesario para emular en el futuro los éxitos militares de su tío político.

Entretanto, un tribuno de la plebe llamado Marco Livio Druso intenta que los itálicos obtengan la ciudadanía romana, en un intento desesperado por frenar una inminente guerra. Su asesinato pondrá fin a las negociaciones, provocando uno de los conflictos más sangrientos en la Historia de la República. 



3. Favoritos de la fortuna (1993)

Lucio Cornelio Sila al fin ha vencido a los leales a Mario varios años después de su muerte, y entra en Roma convertido en dictador. Su camino se cruza con el de Cayo Julio César, quien se niega a divorciarse de la hija de Cinna, un fervoroso partidario de Mario. Sila intenta asesinarlo, pero finalmente perdona a César después de que intercedan varios parientes del joven. 

Mientras Sila realiza sus reformas políticas en Roma, en una dictadura marcada por proscripciones sangrientas , César acude a Mitilene, a luchar contra el rey Mitrídates del Ponto bajo el mando de Marco Minucio Termo. Regresa a Roma tras la muerte de Sila, y comienza a labrarse una carrera y una reputación en el Foro y el Senado mientras intenta combatir los maliciosos rumores acerca de su sexualidad.

Comienzan a entrar también en la escena política y militar del momento Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso, futuros compañeros de César en el Primer Triunvirato y los cuales luchan, respectivamente, contra Quinto Sertorio  y Espartaco.

4. Las mujeres de César (1996)

César continúa ascendiendo en su carrera política y tienen lugar numerosos acontecimientos relevantes durante una época que pasa principalmente en Roma: desempeña sus cargos de edil y pretor, se casa con Pompeya (nieta de Sila y de la cual se divorcia posteriormente en medio de un gran escándalo), es elegido Pontifex Maximus y llega a su primer consulado. Comienza además una larga relación con Servilia (madre de uno de los futuros asesinos de César, Bruto).

Empiezan a aparecer, o a tener mayor peso, personajes que desempeñarán un papel relevante en el futuro, como Catón (que pasará a la Historia como Catón de Útica), Publio Clodio, Marco Antonio, Cicerón...

La novela culmina con la marcha de César a las Galias, poco después de haber logrado establecer el Primer Triunvirato con Pompeyo y Craso, vinculando al primero a él a través del matrimonio con su hija Julia.


5. César (1997)

Las victorias de César en la Galia empiezan a hacerlo cada vez más incómodo para sus rivales políticos, quienes quieren destruirlo. Tras la muerte de Julia, Pompeyo comienza a alejarse de César, lo que aprovechan los enemigos de éste para atraerlo a su causa. 

Ante las negativas del Senado, bajo la influencia de Catón, a concederle los honores debidos por sus conquistas en la Galia, César toma la decisión de marchar sobre Roma. Los líderes de los llamados "boni" huyen de Roma para organizarse y luchar contra César, quien después de poner orden en Roma y asegurarse la lealtad de quienes quedan allí, cosecha una victoria tras otra contra ellos.

La novela finaliza con la llegada de Pompeyo a Egipto y su asesinato.

6. El caballo  de César (2002)

César interviene en Egipto, tomando partido por Cleopatra contra su hermano Ptolomeo tras los fallidos intentos de poner paz entre ellos. Comienza también su relación con Cleopatra, de la que nacerá Cesarión.

A su regreso a Roma, César inicia varias reformas, algunas de las cuales han llegado a nuestros días. Es asesinado en los idus de marzo, dejando como heredero a su sobrino-nieto, Octavio, quien en los últimos tiempos de vida de César lo acompañó con frecuencia. Se inician entonces las tensiones entre Marco Antonio y Octavio (llamado ahora, por su adopción, Cayo Julio César Octaviano); ambos alcanzan una frágil paz al establecer, junto con Marco Emilio Lépido, el Segundo Triunvirato y colaborando para aplastar los últimos focos de resistencia de los asesinos de César, culminando esa labor con la Batalla de Filipos.

7. Antonio y Cleopatra (2007)

Los últimos asesinos de César han muerto y, sin un enemigo común, las tensiones entre Antonio y Octaviano comienzan a aflorar nuevamente. A punto de estallar la guerra civil, logran establecer un pacto en Brundisium por el cual hermana de Octaviano, Octavia, se casa con Antonio tras la muerte de la esposa de éste, Fulvia. Octaviano, por su parte, se divorcia de su esposa Escribonia (madre de la única hija natural de Octaviano, Julia) para casarse con Livia Drusilia (madre del futuro emperador Tiberio). 

Antonio comienza a tener intereses en Egipto, estableciendo una relación amorosa con Cleopatra. La propaganda de Octaviano en contra de ésta, así como el comportamiento de Antonio, cada vez más implicado en la defensa de los intereses de Cleopatra y de Cesarión, hace que la guerra civil sea inminente y que Roma esté más predispuesta a apoyar a Octaviano que a Antonio. 

Octaviano logra tomar Egipto, poniendo fin a la dinastía ptolemaica y convirtiéndolo en una provincia más de Roma. La novela termina con Octaviano eligiendo el nombre por el que pasará a la Historia: Augusto.


Una saga tan larga y con tantos acontecimientos a lo largo de sus siete libros puede resultar intimidante a la hora de decidirse a leerla. Sin embargo, no es una lectura complicada ni se hace aburrida; es una saga escrita de forma ágil, con personajes sólidos y una prosa clara, sin andarse con florituras innecesarias ni pesadas descripciones en medio de la narración.

En general, Colleen McCullough suele respetar los acontecimientos y personajes históricos probados, si bien en ocasiones altera algunos detalles o, en casos en que ni siquiera la investigación histórica ha logrado determinar qué sucedió exactamente, aporta su propia teoría al respecto. Al final de cada novela, además de un extenso glosario, explica qué detalles ha alterado y por qué, lo cual deja claro que estamos hablando de una saga apoyada en una buena investigación.

Personalmente, el único libro de la saga que no me gusta es precisamente el último, "Antonio y Cleopatra". Me da la impresión de que el ritmo narrativo cambia y de que se vuelve más denso, quizás porque después de que cuatro de las siete novelas de la saga se hayan centrado en César, el cambio de personajes resulta demasiado abrupto. En cuanto al resto, mi favorito es, sin lugar a dudas, "Las mujeres de César", no sólo por ofrecernos un retrato de la vida personal de César, sino también por centrarse más en Roma y en la política, y no tanto en conflictos bélicos; le sigue muy de cerca "La corona de hierba", al que tengo un cariño especial por ser el primero que leí (pese a ser el segundo de la saga).

Si tuviera que destacar alguna cosa más, sería el hecho de que Colleen McCullough es (era) lo que se puede llamar una "fangirl" de César.; el tono general de la saga es tremendamente cesariano. A otros personajes los pone bajo una luz más neutra o incluso los juzga directamente con dureza; a César, sin embargo, lo suele presentar bajo una luz positiva o llegando en ocasiones a justificarlo, cargando las culpas de muchas de las decisiones menos populares o menos ética de César en sus oponentes políticos. Entiendo esto hasta cierto punto: César, al fin y al cabo, es una de las figuras más fascinantes de la Historia. No deja de resultarme, no obstante, bastante cómico, especialmente cuando lo comparamos con el tono decididamente crítico que adopta con Octavio, heredero de César y quien, realmente, no hizo más que culminar el proceso de la destrucción de la República, proceso en el que César tuvo un importante papel.

En conclusión, esta saga me parece altamente recomendable. Es posible que alguien realmente experto en Historia (yo, al fin y al cabo, no dejo de ser aún una estudiante que sólo se ha matriculado de algunas asignaturas) detecte muchos más fallos de los que he detectado yo, pero, en general, creo que cuenta con una sólida investigación detrás y que además resultan una lectura entretenida.



lunes, 3 de diciembre de 2018

División de la izquierda y cabezas de turco

Desde hace algún tiempo, la derecha lleva ascendiendo de forma meteórica no sólo en España, sino en el resto del mundo. Naturalmente, esto ha provocado la gran pregunta: "¿Por qué?". Podríamos hablar  de que los tiempos de crisis traen consigo una inseguridad que los partidos de derecha saben aprovechar, de la estrategia del miedo, de la difusión de la agenda de la ultraderecha por los medios de que en España la derecha nunca se fue, etc. Sí, podríamos hablar de todo eso; algunas cosas serán acertadas, otras no. Pero parece ser que ninguna de esas cosas sirve para explicar el auge de la extrema derecha, no, hay una explicación mucho más sencilla. ¿Preparados?


La culpa de que la extrema derecha esté ganando votos y adeptos es de mujeres, personas racializadas, gais, lesbianas, trans, etc. 

Es decir, de quienes somos precisamente el perfil de persona que nos oponemos a la extrema derecha (salvo casos que yo llamo de "ejemplos de escupir hacia arriba"). Personas que no votamos a VOX. No votamos a VOX pero por alguna razón somos responsables de que VOX esté obteniendo cada vez más representación. 

¿Y quién nos acusa de ello? Gente de izquierdas, concretamente hombres blancos cishetero de izquierdas. Según estos señores, el hecho de que las mujeres protestemos porque ya llevamos más de 900 asesinadas desde que comenzaron a contabilizarse los asesinatos machistas; el hecho de que las personas racializadas protesten por el racismo institucional, por la pasividad de los gobiernos ante las muertes en el mar; el hecho de que las personas LGTB protesten por el aumento de las agresiones homófobas... Todo esto divide a la izquierda y nos desvía del Sacrosanto Objetivo de la "Berdadera Hizkierda": la lucha de clases. Parece ser que luchar por la abolición del capitalismo y las clases sociales obviando el género, la raza y la orientación sexual como ejes  de opresión (lo que llaman luchas parciales y cuestiones identitarias), hará que desaparezca milagrosamente toda opresión. 

Podría dedicarme a enumerar las razones por las cuales este razonamiento es de lo más absurdo, pero la verdad es que no me apetece. Solamente me voy a reafirmar una cosa:

Queridos señores blancos cishetero: cerrad la boca.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Reflexión sobre... lo que he aprendido siendo feminista (2)

Sí, ya escribí una entrada reflexionando sobre lo que he aprendido siendo feminista (concretamente esta entrada), pero era una entrada pensada para la brevedad, no para hacer una reflexión muy profunda, y creo que hay un punto de la misma que requiere una reflexión más profunda. Concretamente, me refiero al segundo punto "He aprendido a cuestionar mis propias creencias y a escuchar"

Cuando comencé en el feminismo, e incluso más adelante, cuando consideraba que ya sabía mucho sobre feminismo y lo que significaba ser feminista, comencé a seguir a una serie de referentes, mujeres que percibía como mucho más preparadas que yo. El problema es que empecé a seguirlas de forma acrítica; salvo si decían una barbaridad notoria que yo no tuviera incorporada a mi sistema de creencias, aceptaba lo que decían sin cuestionarlo demasiado, en general porque nunca había pensado en el tema y carecía de más referentes al respecto. 

Pero, ¿qué ocurre cuando lo que dicen, y que no cuestionas, supone perpetuar actitudes con las que no estás de acuerdo y no eres capaz de darte cuenta de ello porque las tienes muy interiorizadas? Pues, evidentemente, que contribuyes a la exclusión de otras personas. Y ocurre lo mismo cuando no estás de acuerdo, te das cuenta de ello y cierras los ojos porque en otras cuestiones sí estás de acuerdo. 

Creo que yo me di cuenta antes de llegar a ser como personas con las que actualmente discrepo abiertamente o, incluso, que ya no considero compañeras, y lo hice cuestionándome a mí misma y escuchando a quienes hasta entonces no había escuchado. No soy ningún ejemplo a seguir, ni pretendo serlo, simplemente tuve la suerte de que seguía a las personas adecuadas en el momento adecuado.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Pues bien, a lo siguiente: nosotras debemos ser las primeras en cuestionarnos y deconstruirnos. Si nuestro feminismo excluye a alguien, a las mujeres prostituidas, a las neurodivergentes, a las racializadas, a las lesbianas, a las bisexuales, a las trans... entonces quizás nuestro feminismo no es tan feminismo

Cuestionarse y deconstruirse cuesta. Y cuesta mucho más cuando además debes hacerlo cuestionando de paso lo que dicen personas a quienes has tenido como referentes durante mucho tiempo y a las que puede que incluso tengas aprecio personal y/o coincidas en otros puntos. Pero no podemos exigir que otros se cuestionen, se revisen y se deconstruyan si nosotras no somos las primeras en hacerlo. Y, sobre todo, no puede ser algo teórico, sino práctico, porque mientras se debate sobre el sujeto político del feminismo, hay mujeres excluidas de los espacios que deberían ser más seguros para ellas, mujeres que ven cómo les son negadas su misma existencia y sus experiencias en tanto que mujeres porque no coinciden con ciertas ideas de lo que es ser mujer y las implicaciones que trae consigo ese hecho.





Va siendo hora de que las mujeres blancas y cishetero dejemos de inventarnos un feminismo a nuestra medida y aceptar que no somos ni debemos ser el centro del mismo.