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sábado, 6 de julio de 2019

Discapacidad y ética en el ámbito afectivo-sexual

A principios del pasado octubre acudí a unas jornadas sobre bioética en las que teníamos la oportunidad de elegir entre cuatro talleres a los que asistir en la primera jornada. Como era bastante esperable en mí, decidí acudir al taller de "Ëtica en el ámbito afectivo-sexual". No estuvo mal, pero hubo algunas cuestiones que me hicieron torcer un poco el morro y, dado que el taller no era el momento ni el lugar para un verdadero debate al respecto, después de un breve intercambio de opiniones, callé. 

Pero seguí dándole vueltas. Y aquí traigo el resultado de esas vueltas que ha dado mi mente al tema.

En primer lugar, debo introducir algunos matices: las jornadas en sí me gustaron y, en general, el taller me pareció que tenía un gran potencial; de haber dispuesto de un mayor tiempo para la reflexión compartida, quizás no habría salido tan insatisfecha con el mismo, pero el tiempo del que disponíamos era limitado y la estructura de los contenidos del taller no permitía mayor flexibilidad si se quería abarcar todo. 

Dicho esto, comencemos con la reflexión en sí.

La educación afectivo-sexual de las personas con discapacidad - especialmente con discapacidad intelectual - siempre ha sido una temática tabú, especialmente cuando hablamos de mujeres con discapacidad. Es por ello por lo que es un tema esencial en cualquier debate bioético y debería ser un punto ineludible en la formación de quienes trabajan con personas con discapacidad, ya sea como psicólogos, como personal de atención sociosanitaria, etc.; esto constituyó el hilo conductor del taller, y no puedo estar más de acuerdo. 

Asimismo, ninguna educación afectivo-sexual puede estar completa si no trata todos los aspectos de la sexualidad, teniendo en cuenta todas sus facetas en la construcción de una sexualidad sana: social, afectiva, el deseo, etc. Nuevamente, no puedo estar más de acuerdo con esta cuestión, que también se habló en el taller.

Sin embargo, ningún debate ético y muy especialmente cuando se trata el ámbito afectivo-sexual puede estar exento de la perspectiva de género ni puede estar teñido de una aparente neutralidad que esconde la falta de voluntad de un análisis a nivel estructural acerca de la sexualidad de las personas con discapacidad. Y, a mi juicio, eso es lo que fallaba en el taller, comenzando por una visión de las relaciones afectivo-sexuales muy centrada en el sexo como única expresión válida de las mismas, y continuando con la aceptación de la prostitución como recurso para las personas con discapacidad. 

Y es aquí donde me voy a detener. Porque eso me pareció lo más capacitista y machista posible en un taller supuestamente orientado a reflexionar acerca de la ética en el ámbito afectivo-sexual y centrado en las personas con discapacidad.

La discriminación de las personas con discapacidad, al igual que tantas otras discriminaciones, constituye la expresión de un sistema estructural de opresión, por lo que cualquier debate al respecto debe profundizar en el análisis de dicho sistema estructural y tener en cuenta otras opresiones. Dicho de otra forma: la conquista de derechos por parte de un colectivo no puede suponer la merma de derechos para otro colectivo; acabar con las opresiones de un colectivo no puede suponer perpetuar la opresión de otro. 

La prostitución constituye una de las instituciones machistas y capitalistas por excelencia. Defender que las personas discapacitadas deben poder recurrir a la prostitución como forma de tener actividad sexual supone retroalimentar el mismo sistema que margina la discapacidad. Como persona con discapacidad (hipoacusia), y pese al hecho de que es una de las discapacidades más integradas en la sociedad (principalmente debido al hecho de que utilizo audífonos, lo cual reduce potenciales problemas de comunicación), puedo entender el miedo a que otras personas te rechacen a nivel romántico o sexual (sobre todo en la adolescencia). Sin embargo, eso no justifica el perpetuar opresiones sobre otras personas.

En resumidas cuentas, considero que es imprescindible que cuando se hable de la sexualidad en relación a la discapacidad se haga desde una perspectiva feminista y, desde luego, lejos de la consideración de la actividad sexual como la única expresión válida de la sexualidad. Si, además, el debate está centrado en la ética en ese ámbito, son cuestiones que no pueden desecharse ni obviarse en aras del "derecho a la libertad sexual".


viernes, 21 de junio de 2019

Hablemos de Brandon Sanderson y el Cosmere

Hace mucho tiempo, en una librería de Santiago de Compostela, creo que en mi primer año de carrera (2009-2010, hace casi diez años), encontré una novela que tenía buena pinta. La portada era esta imagen que veis al lado. Recuerdo que me llamó la atención y, la verdad, aún hoy, es una de las portadas que más bonitas me parecen de todas las que he visto. Ese día no la compré porque iba a por un manual para una asignatura, pero unos días más tarde volví a la librería de camino a la residencia desde clase (eso de tener una librería justo en el camino que tomaba a diario cuando entraba y salía de la facultad no era muy bueno para mi economía, la verdad) y me decidí a comprarla. Mentiría si dijera que me causó un gran impacto, porque no fue así: me la leí, me gustó, me pareció bien que fuera autoconclusiva (a esas alturas ya me había leído los que estaban publicados de Canción, estaba inmersa en otras cuantas sagas, y mi tiempo y bolsillo no daban para tanto) y ahí lo dejé. No tuve gran curiosidad por buscar nada más del autor; me había gustado, sin más. Al curso siguiente me uní al foro de Asshai, dedicado a Canción de Hielo y Fuego y que contaba con una sección del foro dedicada a otras cosas que no eran Canción, entre ellas, Brandon Sanderson y sus obras. No recuerdo muy bien si entré en un hilo general de Sanderson o uno de Elantris, pero entré, y vi que Elantris formaba parte de algo mucho más grande llamado el Cosmere. 

Y así empezó todo. Siempre he sido muy aficionada al trasfondo de libros y sagas: me gusta reparar en los pequeños detalles, y ahí ya no es que tuviera pequeños detalles, es que había todo un universo con diversas obras interconectadas entre sí.

Pero antes de entrar más en detalles sobre el Cosmere, hablemos un poco de Sanderson. Sanderson es un autor estadounidense tremendamente prolífico (cuenta con más de 50 obras - entre novelas, novelettes, relatos, etc- en su haber, como podéis ver aquí ) y que se ha convertido en un escritor de referencia en cuanto a la fantasía, fantasía aderezada en varias ocasiones con toques western y steampunk, de aventuras , de superhéroes, ciencia ficción y, recientemente, también space opera. Como se puede ver, Sanderson se atreve con todo.

¡ATENCIÓN!

A PARTIR DE AQUÍ PUEDE HABER SPOILERS MENORES


Pero hablemos ahora del Cosmere... Quizás la mejor analogía para hablar del Cosmere sería hablar del Universo Cinematográfico de Marvel, con un único universo, pero diversos mundos y planetas, cada uno de ellos con sus historias y sus protagonistas, que en ocasiones se cruzan y en los que existen personajes que están de fondo, sin ejercer gran influencia en el devenir de los acontecimientos, pero estando ahí, a modo de "cameo" o "Easter Egg". En el UCM este personaje es Stan Lee; en el Cosmere es Hoid, un personaje muy enigmático al que encontraréis con diversos nombres en las novelas del Cosmere.

Así, el Cosmere es un universo, un universo similar al nuestro en cuanto a las leyes físicas, pero sin que esas leyes sean lo único que explica el funcionamiento del universo. La estructura del Cosmere responde a la existencia de tres reinos: el Reino Físico, en el cual tienen lugar la mayor parte de los acontecimientos y es donde interactúan los personajes, es decir, cada uno de los mundos donde suceden los eventos de las novelas; el Reino Espiritual, del cual no se sabe gran cosa, que se podría entender, a semejanza del mundo de las Ideas platónico, como el lugar dónde se encuentra el "qué" de las cosas, su esencia; y, por último, el Reino Cognitivo, del que tampoco se sabe mucho salvo que a través de él ciertos personajes pueden moverse entre los mundos.

Pero, ¿cómo empezó el Cosmere? No está del todo claro. Se hace alusión a Adonalsium, una suerte de fuerza creadora, dios o quizás un humano con Investidura (así se denomina a los diversos sistemas mágicos del Cosmere y sus manifestaciones) a grandes niveles. Esta fuerza creadora sufrió la Fragmentación, en la cual se dividió en dieciséis pedazos, llamados Esquirlas o Shards (de estas Esquirlas se conocen las siguientes: Devoción, Dominio, Ruina, Preservación, Honor, Odio, Cultivación, Autonomía, Dotación y Ambición), que deben ser portadas por un humano (Shardholder) para poder manifestar su poder. Algunas Esquirlas viajaron a diferentes mundos (y en algunos casos, los crearon), convirtiéndose en la fuente primaria de la magia de esos mundos; a veces, en algún mundo se encontraba más de una Esquirla (como el caso de Scadrial, el mundo de la saga de Nacidos de la Bruma, donde fueron a parar, funcionando como opuestas, Ruina y Preservación). 

¿Qué mundos componen el Cosmere? De momento sólo se conocen doce planetas: Nalthis (donde se ambienta El aliento de los dioses), Scadrial (saga de Nacidos de la Bruma), Taldain (en el que se ambienta Arena Blanca), Sel (Elantris y El Alma del Emperador), Primero del Sol (en el que transcurre Sexto del Ocaso y que no cuenta con ninguna Esquirla que se sepa), Roshar (mundo de El Archivo de las Tormentas), Ashyn, Braize (ambos en el mismo sistema que Roshar), Treno (sin ninguna Esquirla), Vax (no se sabe gran cosa), Yolen (hogar de los dieciséis portadores originales de las Esquirlas tras la Fragmentación) y Obrodai (apenas se dispone información, sólo se menciona). No transcurren aventuras en todos ellos, y algunos, como ya se ha dicho, ni siquiera poseen Esquirlas.

Como se puede ver, el Cosmere es un universo tremendamente complejo, en el que los acontecimientos siempre forman parte de algo más grande y trascendental. Si bien en muchos de los libros los personajes no se paran demasiado a analizar el Cosmere, éste siempre está ahí, igual que nuestro propio universo, como un personaje más. En mi opinión, la creación de este universo y de los diversos sistemas de magia que en él se encuentran (integrados de forma coherente con las leyes físicas que rigen los mundos y con sus propias leyes perfectamente explicadas en cada una de las sagas), es uno de los grandes atractivos de la obra de Sanderson. Sus personajes y tramas tienden a estar bien escritos, con personajes definidos y siempre interesantes, pero la nota extraordinaria de su obra está en esto, en el Cosmere.

En otra ocasión, hablaré de mis dos sagas favoritas de Sanderson: Nacidos de la Bruma y El Archivo de las Tormentas, ambas pertenecientes al Cosmere, y cada una de ellas con detalles del mismo que hace que en cada lectura descubra algo nuevo. Por ahora, es preciso dejarlo aquí; me he dejado muchas cosas en el tintero, pero la propia complejidad del Cosmere hace imposible extenderse más en una sola entrada.




Para saber más sobre Sanderson y el Cosmere



lunes, 3 de junio de 2019

Crítica de... el final de Juego de Tronos


Los finales de las series no suelen dejarme mal sabor de boca, como mucho una sensación agridulce por el hecho de acabarse. Con Juego de Tronos tuve dos sentimientos: alivio porque se hubiera acabado semejante despropósito de temporada y cabreo por el potencial perdido. 

¡OJO, SPOILERS!

A título personal, yo siempre tuve la expectativa de que la serie siguiera el mismo camino que, aparentemente, se va a seguir en los libros, es decir, convertir el Juego de Tronos en una cortina de humo, una distracción, para lo realmente importante, la Canción de Hielo y Fuego y la amenaza sobrenatural. La serie, de hecho, parecía seguir ese camino: durante siete temporadas, de una forma u otra, la amenaza de los Otros siempre estuvo presente, como algo que se iba gestando en las sombras y que trascendería cualquier lucha de poder entre los nobles, hasta el punto de que éstas dejarían de tener importancia ante la verdadera amenaza. Esto ha sido así hasta el punto de que incluso en la séptima temporada se pone de manifiesto esa necesidad de aliarse ante una amenaza contra toda la humanidad. 

Se puede argumentar que no hay motivo alguno por el que no se puedan subvertir las expectativas y que finalmente esa gran amenaza, en la línea de que Canción de Hielo y Fuego/Juego de Tronos no es una saga de fantasía épica al uso, no sea tal. No está mal subvertir las expectativas; ¿el problema? Que la serie lo ha hecho muy mal; estoy segura de que si Martin llega a hacerlo, lo hará de una forma lógica y coherente con la propia narrativa que ha construido, al contrario de lo que han hecho Benioff y Weiss. 

Empecemos por Arya y el hecho de que se ha convertido en la heroína que acaba con el Rey de la Noche sólo por el "shock value". Los propios Benioff y Weiss confesaron que la idea se les ocurrió hace sólo tres años; es decir, cuando ya estaban en plena evolución los arcos de Daenerys, Jon y Bran, los tres posibles candidatos a acabar con el Rey de la Noche, vía dragones, profecía del Príncipe/Princesa Que Fue Prometido, profecía de Azor Ahai o wargueo. No discuto el hecho de que Arya es objetivamente la más preparada para asesinar a alguien con sigilo, el problema es entrar en directa contradicción con los arcos de personaje sólo para ofrecer al público el impacto de ser un personaje inesperado y muy querido por el público el que acaba con la gran amenaza. 

Dado que la gran amenaza ha sido tan fácilmente eliminada, cualquiera podría pensar que se trataba de una cortina de humo para el verdadero conflicto: el Juego de Tronos. Muy bien, pero, ¿cuál es el problema? Que no hay elementos para el Juego de Tronos. Si quieres que lo importante sea el Juego de Tronos y que la trama sobrenatural sea una distracción no puedes cargarte TODOS los elementos del Juego de Tronos. El Juego de Tronos no es enfrentarse en una batalla por el Trono de Hierro y ya está, el Juego de Tronos es poner en marcha conspiraciones, buscar alianzas estratégicas... Cargarse a prácticamente todas las Casas de Poniente y reducir el escenario a una lucha entre únicamente dos facciones no es Juego de Tronos. Ni siquiera era necesario que continuaran en escena las Grandes Casas; de hecho, la desaparición de estas Grandes Casas (Martell, Tyrell, Tully, etc) habría podido dar mucho juego: luchas dinásticas por hacerse con el poder en Altojardín y Dorne (en vez de ese príncipe desconocido de Dorne del que no se nos dice ni a qué Casa pertenece ni por qué apoya la causa), un Varys conspirador que maniobra para despojar a Daenerys del poder, Sansa jugando al Juego...

En consonancia con el tratamiento pésimo a la trama, está el tratamiento pésimo a los personajes. No sólo, como he apuntado anteriormente, obvian por completo toda la evolución de varios personajes, sino que además intentan mostrarnos una evolución acelerada y poco realista, como es el caso de Daenerys, a quien intentan llevar de A a C sin pasar antes por B. He leído a mucha gente argumentar que Daenerys ya mostraba antes signos de locura; pues bien, no estoy de acuerdo: en anteriores temporadas, e incluso en momentos de ésta, como matar a Varys sin un juicio previo, Daenerys no hizo nada que no hubieran podido hacer en su lugar Robert, Tywin o incluso Ned Stark. Personajes a los que se ha acusado de muchas cosas, pero nunca de locura. La evolución de Daenerys de señora feudal estándar a loca asesina ha sido, se mire por donde se mire, precipitada y mal construida. Por todo esto, la muerte de Dany no da lástima ni alegra; es una muerte sin más, en la que lo único que conmueve un poco es la reacción de Drogon; conmueve más un bicho CGI que los personajes reales, y esto es especialmente cierto en el caso de Jon. Reconozcámoslo: Kit Harington nunca ha sido buen actor y la química entre Jon y Daenerys ha sido inexistente desde el principio por mucho que la serie se haya esforzado en convencernos de que era un gran romance con tintes de tragedia. Sin embargo, más allá de la actuación de Kit, lo cierto es que el guión tampoco era lo bastante bueno como para que saliera airoso (sólo algunos de los actores con más experiencia y/o talento consiguen salir con cierta dignidad de ese guión, como Peter Dinklage, Sophie Turner y algunos más, entre ellos, sorprendentemente, Emilia Clarke, a quien por fin han dejado lucirse). Ya desde hace algunas temporadas, el guión opta por decirnos las cosas en vez de mostrarlas: así, nos dicen constantemente lo inteligente que es Tyrion y lo gran conspirador que es Varys, al tiempo que nos muestran decisiones absurdas por parte del primero y despojan al segundo de toda su capacidad de agencia y maniobra, o nos lo muestran llevando a cabo acciones que después no sirven de nada (las dichosas cartas diciendo quién es Jon). En el caso de Jon es especialmente ridículo, pues nos dicen constantemente que es un gran estratega, carismático y al que la gente sigue... para después mostrarnos que se carga su propia estrategia a pesar de las advertencias de Sansa (Batalla de los Bastardos), no diseña aparentemente ninguna estrategia (Batalla en Invernalia contra el Rey de la Noche), ve lógico llevar un ejército agotado a la otra punta del país sólo porque Dany insiste y no consigue que sus propios hombres sigan sus órdenes (Batalla en Desembarco).

En contraste con todo esto, a nivel técnico la serie ha mantenido un nivel brutal a lo largo de varias temporadas. Merecen especial mención la música (aunque ninguna de las bandas sonoras de los capítulos de esta temporada están a la altura de "Light of the Seven", al menos para mi gusto) de Ramin Djawadi y el vestuario. En este último aspecto, creo que lo más destacable es el increíble vestido de coronación de Sansa, de cuyos detalles ocultos se habla en este vídeo. Pese a sus defectos, casi todos de guión y de timing, la serie nos ha regalado incluso en esta temporada planos brutales, como el de los dragones sobre las nubes y a la luz de la luna, o la llegada del Rey de la Noche y sus acólitos al Bosque de Dioses...

Sin embargo, estos detalles positivos, aunque muy valorables, no compensan la enorme pérdida del potencial de la serie. A mi modo de ver, Benioff y Weiss plantaron semillas en anteriores temporadas (especialmente en las primeras, bajo la supervisión de Martin) que después han olvidado, y eso por no hablar de su interés en dar espectáculo por el espectáculo, sin valorar ni mantener la coherencia con la lógica interna de la serie y con la evolución de los personajes. La serie merecía más, y los fans merecíamos más: un final que apelara a nuestros sentimientos como fans y que tratara con cariño la trama y los personajes. La tendencia a tratarlos mal ya se había visto en anteriores temporadas, pero en esta daba la sensación de que ni les interesaba acabar la serie, sumándose a esto el hecho de que HBO les ofreció prácticamente un cheque en blanco de recursos y tiempo para finalizar la serie, algo que los propios Benioff y Weiss rechazaron, perdiendo una gran oportunidad de despedir a la serie por la puerta grande.

En suma, el final de la serie ha resultado decepcionante a muchos niveles y resulta una lástima que no hayan sabido aprovechar el potencial de una historia que al principio nos ofreció tanto. Me dejo muchas cosas en el tintero, pero creo que ya es hora de finalizar con esta entrada.

Ahora, a esperar por los libros.