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martes, 4 de diciembre de 2018

Recomendando a... Colleen McCullough

Creo que ya la recomendé en mi entrada de este año sobre la iniciativa LeoAutorasOct, pero es que me parece que una mención de pasada no basta para hacer una recomendación como es debido de esta autora, así que he decidido dedicarle una entrada entera a ella y a su saga "Señores de Roma", porque la verdad es que, aunque ya venía de fábrica con cierto cariño hacia la Historia (y de ahí que después de una carrera, un máster y preparando oposiciones, me haya metido a estudiar Geografía e Historia por la UNED), esta saga me hizo enamorarme de verdad de la Historia. Concretamente, de la Historia de Roma. Y, más concretamente, de la época más tardía de la República.

Empecemos hablando un poquito de ella. Colleen McCullough nació en Australia en 1937 y murió también en Australia en 2015 (pocos meses antes que Terry Pratchett, si es que ese año no ganamos para disgustos). No era historiadora, sino neuróloga y trabajó durante varios años como investigadora y profesora en Yale; no obstante, gracias precisamente a la saga "Señores de Roma" obtuvo un doctorado honorario en Historia en 1993. Comenzó a publicar en el año 1974, aunque su fama llegó en 1977 con "El pájaro espino". La saga "Señores de Roma" comenzó en el año 1990 con "El primer hombre de Roma" y finalizó en 2007 con "Antonio y Cleopatra".

Ahora vamos con una breve sinopsis de cada una de las novelas y, posteriormente, la impresión que me causó la saga en sí. 

1. El primer hombre de Roma (1990)

En Roma, dos circunstancias facilitan poder establecer una carrera política: familia y dinero. Cayo Mario tiene lo segundo, pero no lo primero, dado que es lo que se denomina un "homus novus"; Lucio Cornelio Sila, por su parte, pertenece a una familia aristocrática, pero se encuentra empobrecido, lo que le cierra las puertas del Senado. Las vidas de ambos hombres cambian cuando Mario se casa con Julia, de la familia Julia (tía del futuro dictador Cayo Julio César) y cuando Sila hereda una fortuna. 

A lo largo de varios conflictos políticos y militares, se irá fraguando el ascenso de Cayo Mario hasta ser considerado "el tercer fundador de Roma", así como el de Sila, quien en un futuro jugará un papel determinante en la Historia de la República Romana. 


2. La corona de hierba (1991)

La carrera política y militar de Mario parece haber finalizado. Tras seis consulados y sus grandes victorias contra los germanos, Yugurta y otros enemigos incluso dentro de la propia Roma, el aclamado como tercer fundador de Roma podría ceder el testigo, especialmente después de un infarto. Sin embargo, no está dispuesto a hacerlo, y cuando un nuevo enemigo amenaza a Roma, vuelve a tomar el mando, con Lucio Cornelio Sila a su lado. Un nuevo infarto, sin embargo, casi termina con la vida de Mario, quien, impotente, presencia como su antiguo aliado va acaparando el poder y honores que Mario cree que le pertenecen. El joven sobrino de su esposa, Cayo Julio César, acompaña a Mario durante su recuperación y comienza a aprender de él todo lo necesario para emular en el futuro los éxitos militares de su tío político.

Entretanto, un tribuno de la plebe llamado Marco Livio Druso intenta que los itálicos obtengan la ciudadanía romana, en un intento desesperado por frenar una inminente guerra. Su asesinato pondrá fin a las negociaciones, provocando uno de los conflictos más sangrientos en la Historia de la República. 



3. Favoritos de la fortuna (1993)

Lucio Cornelio Sila al fin ha vencido a los leales a Mario varios años después de su muerte, y entra en Roma convertido en dictador. Su camino se cruza con el de Cayo Julio César, quien se niega a divorciarse de la hija de Cinna, un fervoroso partidario de Mario. Sila intenta asesinarlo, pero finalmente perdona a César después de que intercedan varios parientes del joven. 

Mientras Sila realiza sus reformas políticas en Roma, en una dictadura marcada por proscripciones sangrientas , César acude a Mitilene, a luchar contra el rey Mitrídates del Ponto bajo el mando de Marco Minucio Termo. Regresa a Roma tras la muerte de Sila, y comienza a labrarse una carrera y una reputación en el Foro y el Senado mientras intenta combatir los maliciosos rumores acerca de su sexualidad.

Comienzan a entrar también en la escena política y militar del momento Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso, futuros compañeros de César en el Primer Triunvirato y los cuales luchan, respectivamente, contra Quinto Sertorio  y Espartaco.

4. Las mujeres de César (1996)

César continúa ascendiendo en su carrera política y tienen lugar numerosos acontecimientos relevantes durante una época que pasa principalmente en Roma: desempeña sus cargos de edil y pretor, se casa con Pompeya (nieta de Sila y de la cual se divorcia posteriormente en medio de un gran escándalo), es elegido Pontifex Maximus y llega a su primer consulado. Comienza además una larga relación con Servilia (madre de uno de los futuros asesinos de César, Bruto).

Empiezan a aparecer, o a tener mayor peso, personajes que desempeñarán un papel relevante en el futuro, como Catón (que pasará a la Historia como Catón de Útica), Publio Clodio, Marco Antonio, Cicerón...

La novela culmina con la marcha de César a las Galias, poco después de haber logrado establecer el Primer Triunvirato con Pompeyo y Craso, vinculando al primero a él a través del matrimonio con su hija Julia.


5. César (1997)

Las victorias de César en la Galia empiezan a hacerlo cada vez más incómodo para sus rivales políticos, quienes quieren destruirlo. Tras la muerte de Julia, Pompeyo comienza a alejarse de César, lo que aprovechan los enemigos de éste para atraerlo a su causa. 

Ante las negativas del Senado, bajo la influencia de Catón, a concederle los honores debidos por sus conquistas en la Galia, César toma la decisión de marchar sobre Roma. Los líderes de los llamados "boni" huyen de Roma para organizarse y luchar contra César, quien después de poner orden en Roma y asegurarse la lealtad de quienes quedan allí, cosecha una victoria tras otra contra ellos.

La novela finaliza con la llegada de Pompeyo a Egipto y su asesinato.

6. El caballo  de César (2002)

César interviene en Egipto, tomando partido por Cleopatra contra su hermano Ptolomeo tras los fallidos intentos de poner paz entre ellos. Comienza también su relación con Cleopatra, de la que nacerá Cesarión.

A su regreso a Roma, César inicia varias reformas, algunas de las cuales han llegado a nuestros días. Es asesinado en los idus de marzo, dejando como heredero a su sobrino-nieto, Octavio, quien en los últimos tiempos de vida de César lo acompañó con frecuencia. Se inician entonces las tensiones entre Marco Antonio y Octavio (llamado ahora, por su adopción, Cayo Julio César Octaviano); ambos alcanzan una frágil paz al establecer, junto con Marco Emilio Lépido, el Segundo Triunvirato y colaborando para aplastar los últimos focos de resistencia de los asesinos de César, culminando esa labor con la Batalla de Filipos.

7. Antonio y Cleopatra (2007)

Los últimos asesinos de César han muerto y, sin un enemigo común, las tensiones entre Antonio y Octaviano comienzan a aflorar nuevamente. A punto de estallar la guerra civil, logran establecer un pacto en Brundisium por el cual hermana de Octaviano, Octavia, se casa con Antonio tras la muerte de la esposa de éste, Fulvia. Octaviano, por su parte, se divorcia de su esposa Escribonia (madre de la única hija natural de Octaviano, Julia) para casarse con Livia Drusilia (madre del futuro emperador Tiberio). 

Antonio comienza a tener intereses en Egipto, estableciendo una relación amorosa con Cleopatra. La propaganda de Octaviano en contra de ésta, así como el comportamiento de Antonio, cada vez más implicado en la defensa de los intereses de Cleopatra y de Cesarión, hace que la guerra civil sea inminente y que Roma esté más predispuesta a apoyar a Octaviano que a Antonio. 

Octaviano logra tomar Egipto, poniendo fin a la dinastía ptolemaica y convirtiéndolo en una provincia más de Roma. La novela termina con Octaviano eligiendo el nombre por el que pasará a la Historia: Augusto.


Una saga tan larga y con tantos acontecimientos a lo largo de sus siete libros puede resultar intimidante a la hora de decidirse a leerla. Sin embargo, no es una lectura complicada ni se hace aburrida; es una saga escrita de forma ágil, con personajes sólidos y una prosa clara, sin andarse con florituras innecesarias ni pesadas descripciones en medio de la narración.

En general, Colleen McCullough suele respetar los acontecimientos y personajes históricos probados, si bien en ocasiones altera algunos detalles o, en casos en que ni siquiera la investigación histórica ha logrado determinar qué sucedió exactamente, aporta su propia teoría al respecto. Al final de cada novela, además de un extenso glosario, explica qué detalles ha alterado y por qué, lo cual deja claro que estamos hablando de una saga apoyada en una buena investigación.

Personalmente, el único libro de la saga que no me gusta es precisamente el último, "Antonio y Cleopatra". Me da la impresión de que el ritmo narrativo cambia y de que se vuelve más denso, quizás porque después de que cuatro de las siete novelas de la saga se hayan centrado en César, el cambio de personajes resulta demasiado abrupto. En cuanto al resto, mi favorito es, sin lugar a dudas, "Las mujeres de César", no sólo por ofrecernos un retrato de la vida personal de César, sino también por centrarse más en Roma y en la política, y no tanto en conflictos bélicos; le sigue muy de cerca "La corona de hierba", al que tengo un cariño especial por ser el primero que leí (pese a ser el segundo de la saga).

Si tuviera que destacar alguna cosa más, sería el hecho de que Colleen McCullough es (era) lo que se puede llamar una "fangirl" de César.; el tono general de la saga es tremendamente cesariano. A otros personajes los pone bajo una luz más neutra o incluso los juzga directamente con dureza; a César, sin embargo, lo suele presentar bajo una luz positiva o llegando en ocasiones a justificarlo, cargando las culpas de muchas de las decisiones menos populares o menos ética de César en sus oponentes políticos. Entiendo esto hasta cierto punto: César, al fin y al cabo, es una de las figuras más fascinantes de la Historia. No deja de resultarme, no obstante, bastante cómico, especialmente cuando lo comparamos con el tono decididamente crítico que adopta con Octavio, heredero de César y quien, realmente, no hizo más que culminar el proceso de la destrucción de la República, proceso en el que César tuvo un importante papel.

En conclusión, esta saga me parece altamente recomendable. Es posible que alguien realmente experto en Historia (yo, al fin y al cabo, no dejo de ser aún una estudiante que sólo se ha matriculado de algunas asignaturas) detecte muchos más fallos de los que he detectado yo, pero, en general, creo que cuenta con una sólida investigación detrás y que además resultan una lectura entretenida.



lunes, 3 de diciembre de 2018

División de la izquierda y cabezas de turco

Desde hace algún tiempo, la derecha lleva ascendiendo de forma meteórica no sólo en España, sino en el resto del mundo. Naturalmente, esto ha provocado la gran pregunta: "¿Por qué?". Podríamos hablar  de que los tiempos de crisis traen consigo una inseguridad que los partidos de derecha saben aprovechar, de la estrategia del miedo, de la difusión de la agenda de la ultraderecha por los medios de que en España la derecha nunca se fue, etc. Sí, podríamos hablar de todo eso; algunas cosas serán acertadas, otras no. Pero parece ser que ninguna de esas cosas sirve para explicar el auge de la extrema derecha, no, hay una explicación mucho más sencilla. ¿Preparados?


La culpa de que la extrema derecha esté ganando votos y adeptos es de mujeres, personas racializadas, gais, lesbianas, trans, etc. 

Es decir, de quienes somos precisamente el perfil de persona que nos oponemos a la extrema derecha (salvo casos que yo llamo de "ejemplos de escupir hacia arriba"). Personas que no votamos a VOX. No votamos a VOX pero por alguna razón somos responsables de que VOX esté obteniendo cada vez más representación. 

¿Y quién nos acusa de ello? Gente de izquierdas, concretamente hombres blancos cishetero de izquierdas. Según estos señores, el hecho de que las mujeres protestemos porque ya llevamos más de 900 asesinadas desde que comenzaron a contabilizarse los asesinatos machistas; el hecho de que las personas racializadas protesten por el racismo institucional, por la pasividad de los gobiernos ante las muertes en el mar; el hecho de que las personas LGTB protesten por el aumento de las agresiones homófobas... Todo esto divide a la izquierda y nos desvía del Sacrosanto Objetivo de la "Berdadera Hizkierda": la lucha de clases. Parece ser que luchar por la abolición del capitalismo y las clases sociales obviando el género, la raza y la orientación sexual como ejes  de opresión (lo que llaman luchas parciales y cuestiones identitarias), hará que desaparezca milagrosamente toda opresión. 

Podría dedicarme a enumerar las razones por las cuales este razonamiento es de lo más absurdo, pero la verdad es que no me apetece. Solamente me voy a reafirmar una cosa:

Queridos señores blancos cishetero: cerrad la boca.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Reflexión sobre... lo que he aprendido siendo feminista (2)

Sí, ya escribí una entrada reflexionando sobre lo que he aprendido siendo feminista (concretamente esta entrada), pero era una entrada pensada para la brevedad, no para hacer una reflexión muy profunda, y creo que hay un punto de la misma que requiere una reflexión más profunda. Concretamente, me refiero al segundo punto "He aprendido a cuestionar mis propias creencias y a escuchar"

Cuando comencé en el feminismo, e incluso más adelante, cuando consideraba que ya sabía mucho sobre feminismo y lo que significaba ser feminista, comencé a seguir a una serie de referentes, mujeres que percibía como mucho más preparadas que yo. El problema es que empecé a seguirlas de forma acrítica; salvo si decían una barbaridad notoria que yo no tuviera incorporada a mi sistema de creencias, aceptaba lo que decían sin cuestionarlo demasiado, en general porque nunca había pensado en el tema y carecía de más referentes al respecto. 

Pero, ¿qué ocurre cuando lo que dicen, y que no cuestionas, supone perpetuar actitudes con las que no estás de acuerdo y no eres capaz de darte cuenta de ello porque las tienes muy interiorizadas? Pues, evidentemente, que contribuyes a la exclusión de otras personas. Y ocurre lo mismo cuando no estás de acuerdo, te das cuenta de ello y cierras los ojos porque en otras cuestiones sí estás de acuerdo. 

Creo que yo me di cuenta antes de llegar a ser como personas con las que actualmente discrepo abiertamente o, incluso, que ya no considero compañeras, y lo hice cuestionándome a mí misma y escuchando a quienes hasta entonces no había escuchado. No soy ningún ejemplo a seguir, ni pretendo serlo, simplemente tuve la suerte de que seguía a las personas adecuadas en el momento adecuado.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Pues bien, a lo siguiente: nosotras debemos ser las primeras en cuestionarnos y deconstruirnos. Si nuestro feminismo excluye a alguien, a las mujeres prostituidas, a las neurodivergentes, a las racializadas, a las lesbianas, a las bisexuales, a las trans... entonces quizás nuestro feminismo no es tan feminismo

Cuestionarse y deconstruirse cuesta. Y cuesta mucho más cuando además debes hacerlo cuestionando de paso lo que dicen personas a quienes has tenido como referentes durante mucho tiempo y a las que puede que incluso tengas aprecio personal y/o coincidas en otros puntos. Pero no podemos exigir que otros se cuestionen, se revisen y se deconstruyan si nosotras no somos las primeras en hacerlo. Y, sobre todo, no puede ser algo teórico, sino práctico, porque mientras se debate sobre el sujeto político del feminismo, hay mujeres excluidas de los espacios que deberían ser más seguros para ellas, mujeres que ven cómo les son negadas su misma existencia y sus experiencias en tanto que mujeres porque no coinciden con ciertas ideas de lo que es ser mujer y las implicaciones que trae consigo ese hecho.





Va siendo hora de que las mujeres blancas y cishetero dejemos de inventarnos un feminismo a nuestra medida y aceptar que no somos ni debemos ser el centro del mismo. 


jueves, 15 de noviembre de 2018

LeoAutorasOct, una reflexión y una reseña

Este año publico mucho más tarde que el año pasado. La razón es simple: en principio pensaba no publicar porque no conseguí cumplir con mi lista. Y eran pocos, únicamente tres ("El largo viaje a un pequeño planeta iracundo", "La herencia viva de los clásicos" e "Hijos del clan rojo"). Solamente conseguí leerme el primero de la lista. 

A la vista de esto, decidí no publicar ninguna entrada sobre el LeoAutorasOct de este año porque lo consideraba un fracaso, pero después me he parado a pensar y no lo es tanto. Cierto, no he leído todos los de la lista, pero sí he cumplido con la premisa de la que parte la iniciativa: leer sólo a autoras. Han sido casi todo relecturas, pero el caso es que han sido mujeres. Y eso me ha hecho darme cuenta de una cosa: actualmente leo a más mujeres que hombres. Tengo en mi dispositivo kindle más autoras que autores. ¿Significa eso que ya no me gusta leer a hombres? Bueno, he de admitir que "los clásicos" escritos por hombres (la gran mayoría de clásicos, vaya) me dan cada vez más pereza, pero tampoco se trata de eso. ¿Qué es lo que ha cambiado entonces? En general, yo diría que cada vez soy más consciente de que a mi alrededor hay mujeres escribiendo. Sigo por las redes sociales a mujeres que escriben, estoy en un grupo de mujeres escritoras, busco reseñas escritas por mujeres sobre libros escritos por mujeres, etc. Estoy, en suma, buscando activamente autoras. Y esto, por un lado, es bueno, ya que amplío mis lecturas y, aunque tiendo a buscar más o menos el mismo tipo de literatura, encuentro mayor diversidad (de protagonistas, de tramas, etc.) que en la literatura escrita por hombres. Por otro lado, sin embargo, el hecho de que tenga que hacer una búsqueda activa de autoras, especialmente en determinados géneros literarios, implica que no se les da tanta publicidad como a los hombres y que, cuando se les da, el enfoque publicitario tiende a ser que se trata de literatura "para mujeres" o "para adolescentes".

Muchas mujeres han reflexionado más profundamente sobre esto, sobre las implicaciones que tiene para autoras y lectoras, sobre lo que a nivel editorial y de publicidad supone y, sobre todo, han aportado ideas para solucionarlo, para que tanto escritoras como lectoras seamos tenidas en cuenta en la literatura. Por ello, prefiero, al menos en esta entrada, no extenderme más al respecto y comenzar ya con la reseña del único libro de la lista que conseguí leer.

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Becky Chambers)

La Peregrina es una vieja nave tuneladora que abre agujeros de gusano en el espacio para establecer caminos comerciales. Rosemary, Harper llega a ella en busca de paz y anonimato, huyendo de su pasado, y se une a su variopinta tripulación.

Poco después de la llegada de Rosemary, la tripulación de la Peregrina recibe uno de sus mejores encargos hasta la fecha: construir un túnel a un lejano planeta con el que se está negociando una frágil paz. Este encargo les reportará grandes beneficios que les permitirán vivir con gran comodidad un tiempo... si sobreviven. 

Este libro es uno de los típicos que siempre veía recomendado por Twitter y que no me animaba a leer, hasta que finalmente, y precisamente con motivo del #LeoAutorasOct, me decidí, y he de decir que no me decepcionó. 

La trama no resulta especialmente complicada; en realidad, la premisa básica es simple: aventuras en el espacio. Una premisa simple acompañada de un ritmo narrativo dinámico y de unos personajes diversos y cada uno de ellos con una personalidad propia y bien definida, así como relaciones únicas entre ellos.

Es una obra con un tono marcadamente positivo y alegre, en contraste con el carácter abiertamente pesimista de muchas novelas del género. Sin embargo, esto no quiere decir que no haya conflicto: Becky Chambers trae a colación temáticas como la xenofobia y las dificultades que pueden traer las barreras socioculturales entre criaturas sapientes que intentan convivir en la galaxia. Y, si bien de forma colateral, aborda también cuestiones como la terapia genética y las creencias al respecto, así como el contraste entre culturas centradas en el pacifismo y culturas con un marcado carácter bélico. 

Si tuviera que destacar un aspecto negativo de la novela sería el hecho de que las tramas que a priori parecían tener un mayor peso o ser las más interesantes (la historia de Rosemary, la trama del par Ohan...) acaban resolviéndose de una forma bastante simple y difusa. Sin embargo, es de destacar que otras historias y personajes que en principio no parecían relevantes (el pasado de Corbin, la historia de Jenks y Lovey) adquieren mayor importancia e incluso una mayor carga emocional. 

En suma, El largo viaje a un pequeño planeta iracundo me parece una buena novela, entretenida y a ratos entrañable, con personajes sólidos y algunos de ellos muy carismáticos y divertidos. La recomiendo mucho, y espero que pronto lleguen a España más novelas traducidas de Becky Chambers.



Hecha la reseña, me gustaría terminar esta entrada recomendando algunas de las relecturas que hice en octubre y que considero que merece la pena al menos mencionar:

  1. SPQR: Una historia de la Antigua Roma (Mary Beard). Ensayo histórico que analiza diversos aspectos de la historia de Roma, desde los reyes hasta la época imperial, incidiendo en figuras relevantes, como Cicerón, César, Augusto, etc.
  2. El primer hombre de Roma (Colleen McCullough). Primer libro de la larga saga de "Señores de Roma", se narran los años de gloria de Cayo Mario y los primeros comienzos del futuro dictador Lucio Cornelio Sila, así como diversos acontecimientos de la época (derrota de Yugurta, los problemas ocasionados por Saturnino, etc.).
  3. Horizonte Rojo: Proyecto Prometeo (Rocío Vega). Continúan las aventuras de Kerr, quien ahora descubre dolorosas verdades sobre su madre y su pasado mientras se esfuerza por sobrevivir. 
  4. El lustre de la perla (Sarah Waters). Novela de ficción histórica centrada en temáticas lésbicas, feministas y socialistas desde el punto de vista de una mujer que inicia un camino de crecimiento y maduración personal.


Si bien he releído varios libros y ensayos más, estos cuatro son los que encuentro quizás más recomendables de los que he leído a lo largo del mes de octubre. Espero que el próximo año pueda realmente leer los libros de la lista que haga.

Así, me despido hasta la próxima. Y recordad: leed a otras mujeres, reseñad a autoras, escribid y, lo más importante, disfrutad, como autoras y como lectoras.




jueves, 4 de octubre de 2018

(In)Justicia Patriarcal

Esta mañana, como he hecho a lo largo de toda la semana, he abierto Twitter mientras desayunaba; no sólo es una fuente de memes sino que actualmente es donde me entero antes de las noticias: si alguien muere, si algún político ha dicho alguna estupidez mayor de lo habitual... esas cosas. Hoy mi TL habla mucho de un juez, por un momento me despisto porque solamente me acuerdo de la jueza que denegó una orden de alejamiento a una mujer asesinada en Bilbao la semana pasada

Y entonces veo este tweet. Y por un momento, contra todo lo que me dicen los últimos años presenciando cada vez más injusticias y arbitrariedades del sistema judicial español en casos de violencia contra la mujer (Juana Rivas, la chica de la Manada y un larguísimo etcétera), no me lo creo, sencillamente porque no me lo puedo creer. Y abro la noticia. Y, efectivamente, es incluso peor de lo que me esperaba. 

No voy a reproducir aquí las palabras de este señor, por hablar de él con un apelativo digno en lugar de los nada dignos que tengo en la cabeza y que probablemente acabarían conmigo en la Audiencia Nacional acusada de terrorismo.

Desde que se comenzaron a recabar datos y estadísticas oficiales sobre las muertes por Violencia de Género, en 2003, se han contabilizado unas 950 mujeres asesinadas. Teniendo en cuenta la restrictiva definición de Violencia de Género que ofrece la legislación española (contraviniendo de paso el Convenio de Estambul), que no contempla las agresiones o asesinatos cometidos fuera del marco de una relación sentimental, el número probablemente asciende a muchísimas más, más de 1000 probablemente. 

En esta coyuntura, y con además, nueve mujeres asesinadas en septiembre y dos niñas que han pasado a ser parte de las 27 víctimas menores de edad asesinadas por sus padres en el contexto de la violencia de género, un juez que, para más inri, es titular de un Juzgado de Violencia contra la Mujer, se permite hacer estos comentarios, comentarios que además nos dan la razón al hablar de "Justicia Patriarcal". Las mujeres cada vez alzamos más la voz y protestamos, y la reacción desde el sistema judicial no es fallarnos, pues no nos puede fallar un sistema al que jamás le ha interesado realmente protegernos, es hacer lo que ha hecho siempre: intentar acallarnos o ridiculizarnos. No nos conformamos ya con las migajas, sino que reclamamos una justicia con perspectiva de género, jueces, fiscales, abogados, etc. realmente formados, que sepan qué es lo que están juzgando.

El juez que ha hecho estos comentarios ha intentado justificarse aduciendo que se trata de una conversación privada y que por tanto no puede existir parcialidad en el juicio, pero lo que no parece entender es que en un sistema machista es imposible ser imparcial a la hora de juzgar estos casos, porque el machismo lo permea todo. Es completamente imposible sustraernos a él, y precisamente por ello los jueces deben contar con la formación y con la perspectiva de género necesarias: no se eliminarán todos los sesgos, pero si los conoces puedes intentar evitarlos y reflexionar sobre ellos. 

Si la justicia sigue sin interesarse en protegernos, si cada vez que reclamamos justicia se nos intenta contentar con simples migajas o gestos sin importancia (minutos de silencio, pésames, lamentaciones vacías de reflexión y de acción), llegará un momento en que la situación será insostenible y en que tendremos que conquistar nuestros derechos y nuestra justicia como se han conquistado siempre: por la fuerza. 

Reflexión sobre... lo que he aprendido siendo feminista

Desde que comencé a interesarme por el feminismo he recorrido un largo camino que va desde el "yo no soy feminista, pero...", hasta el "tu opinión de machito ofendidito me importa una mierda, a llorarle a la Virgen". A lo largo de ese proceso aprendí muchas cosas, la mayoría de ellas de la mano de feministas como Ana de Miguel, Alicia Murillo, Rosa CoboBeatriz Gimeno, las integrantes de TodasGamers... y muchas otras menos mediáticas y/o conocidas, pero que son igualmente compañeras de las que he aprendido y con las que he debatido.

Hoy quiero hacer una breve reflexión sobre lo que he aprendido de feminismo y lo que sigo aprendiendo:

1. He aprendido a analizar la realidad desde una perspectiva de género, a ponerme las gafas violetas. 

2. He aprendido a cuestionar mis propias creencias y a escuchar.

3. He evolucionado desde el libfem hasta una posición "abolicionista" (no me gusta demasiado el término porque da a entender que estás en contra de las víctimas, no de los victimarios, pero no se me ocurre otro que se pueda entender igual de bien que este).

4. He aprendido a autocuidarme.

5. He aprendido a burlarme de los machitrolls y he incorporado el sarcasmo a mi forma de vida.

6. He aprendido a criticar el propio feminismo, a reconocer las problemáticas presentes en el feminismo radical y a no sentir que estoy traicionando a mis compañeras al señalar esas problemáticas.

7. He aprendido a ser sorora pero sin dejarme tomar el pelo, hay cosas por las que no voy a pasar.

Puede que parezcan muy pocas cosas, pero teniendo en cuenta dónde empecé, creo que es mucho. Y espero seguir aprendiendo mucho más.


martes, 7 de agosto de 2018

Reflexionando sobre... la oposición

Vértigo.

Vacío.

Alivio.

En ese orden, fue lo que sentí al abrir el listado de aspirantes que habían pasado la primera fase de la oposición, la fase escrita, y ver que mi nombre no constaba entre ellos. Llegaron más, claro, que explotaron en forma de lágrimas sobre el hombro de mi pareja al día siguiente, pero esas fueron las primeras. El vértigo de estar buscando mi nombre, convencida de que estaría, pero temerosa de que no; vacío al constatar que no; alivio, bastante escondido, al pensar que por lo menos para mí ya se había acabado por ahora.

Eso fue hace aproximadamente unas tres semanas, y ahora que estoy más tranquila y, viéndolo en retrospectiva, creo que las probabilidades de que no fuera mi año estaban, al menos, igual de altas que las de que sí lo fuera: de no haber caído en la primera fase (que realmente estaba convencida de haber superado con una nota decente), es posible que hubiera caído en la segunda. ¿Por qué? No hay una respuesta única: ha sido un año bastante intenso y repleto de cosas buenas, pero también ha sido un año en el que el tiempo ha brillado por su ausencia. Mi planificación se fue al traste al conseguir trabajo, un trabajo en el que estoy muy contenta, pero que me dejaba agotada; había días en que, sencillamente, ponerme siquiera a leer los apuntes me era imposible, mi cabeza no daba para más. Cometí también errores en el estudio en sí, como centrarme demasiado en los temas cuando la clave era la legislación, fallos en la gestión de mi tiempo, etc.

Pero he aprendido. Hay fallos que puedo corregir por mí misma y otros en los que las circunstancias tendrán bastante peso, pero lo más importante es que ya me he quitado el miedo, y tengo una base desde la que volver a lanzarme.

Estoy lista para empezar otra vez. Apuntes míos, Decreto 120 y Orden del 24 de julio, os veo en septiembre.