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martes, 21 de noviembre de 2017

¿Y el Día de la Mujer para cuándo?

Este pasado domingo, 19 de noviembre, fue el Día del Hombre. Dada la gran opresión a la que se ven sometidos los hombres diariamente y que no dejan de dar a conocer en las redes en fechas tan importantes para ellos como el 25 de noviembre o el 8 de marzo, esperaba que el 19 de noviembre saliesen hordas de hombres a la calle a reivindicar sus derechos. Esperaba incluso que se convirtiera en tendencia en twitter.

No os podéis imaginar la gran sorpresa que me he llevado al ver que no es así.

Incluso más. Ni los centros comerciales ni las grandes marcas o partidos políticos han considerado celebrarlo. Me parece indignante, ciertamente. ¿Acaso los hombres no merecen que en su día salgan mujeres de gran importancia como Soraya Sáenz de Santamaría o Manuela Carmena a reivindicar la importancia de ese día como nos hicieron el honor Pablo Iglesias e Íñigo Errejón a nosotras en 2016? ¿Por qué a los hombres no se les reconoce en ese día tan señalado lo hermosos que son por luchar por sus derechos? ¡A nosotras sí nos lo reconocen! Qué injusticia. Mirad la cantidad de cosas que se podían hacer para reconocer su lucha.

Las marcas además también han olvidado esa fecha tan señalada. ¿Por qué no se promocionan los productos para hombres? ¿Acaso ellos no merecen que les regales esa caja de herramientas tan chula en color azul? ¡Encima de que a nosotras el día 8 de marzo se nos puede regalar cremitas y perfumes y ropa rosa? Estamos marginando mucho a los hombres y eso un día se nos va a volver en contra, os lo digo yo. 

¿Pero sabéis qué es lo que ya me parece más escandaloso de todo? Que en este día no recuerden a los 30 hombres asesinados anualmente por sus parejas mujeres. Fijaos si es escandaloso que a los pobres no les queda más remedio que recordarlos el 25 de noviembre o el 8 de marzo. ¡Es que no les dejamos reivindicar cosas ni en su día! 

Es una gran injusticia todo esto, eh, de verdad. Vamos a tener que ponernos serios. Y yo no es que tenga particular interés en esto, qué va, si creo que ya hay igualdad y no entiendo por qué los hombres necesitan un día para ellos. Total, bajo Día de la Mujer Trabajadora ya se les puede incluir, ¿no? El femenino es genérico y puede englobar a todos.

Felicidades a los hombres en su día. Recordad, hombre bonito es el que lucha y vuestro mayor mérito es ser tan guapos.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Presunción de culpabilidad


El juicio por la violación de los Sanfermines, como era de esperar, es tremendamente mediático. Hemos tenido una semana en la que en todas las redes sociales, se hablaba de ello constantemente. Como también era de esperar (y no por esperado ha causado menos rabia y tristeza), el tratamiento de los medios y las reacciones de buena parte del público merecen el calificativo de "asqueroso". 

La cosa no habría ido más allá de eso, de lo que ya estamos acostumbradas a ver cuando se trata de un caso de violencia de género (y sí, una violación a una desconocida es violencia de género aunque la ley no lo contemple así), de no haber trascendido el detalle de que uno de los violadores hizo seguir e investigar a la víctima por un detective privado y que el juez aceptó incorporar el informe de dicho detective a las pruebas de la defensa (si bien se retiró a posteriori por petición de uno de los abogados, que pidió además que se tuviera por no presentado). No voy a entrar a valorar la decisión del juez legalmente hablando (eso se lo dejo a abogados, como @Subnorbook), mi reflexión sobre ello va sobre otro lado.

Con esto- el tratamiento de los medios, la reacción del público, el informe, etc.- queda claro algo que desde el feminismo se lleva denunciando años: la presunción de culpabilidad de las mujeres.

¿A qué me refiero con eso? Cuando se denuncia una agresión sexual, una violación, violencia de género en general, sobre la mujer pesa un doble trabajo: demostrar que lo ha sufrido y demostrar que no lo merecía. Porque el discurso es que a las chicas buenas no les pasa, a las que siguen las normas nadie las agrede, a las que se quedan en lo que Jessica Fillol llama aquí "el lado seguro del patriarcado" no las violan ni las maltratan, por lo tanto, si lo has sufrido igual lo merecías, por puta. ¿Que estabas demasiado borracha para consentir? Te lo mereces por beber (como parece insinuar esta campaña en contra del consumo de alcohol en menores). ¿Tenías demasiado miedo y te quedaste paralizada? Te lo mereces por no resistirte, o igual es que sí querías y denuncias por despecho. ¿Te ha violado tu novio? Es que has elegido mal y debes atenerte a las consecuencias. ¿Te ha violado tu mejor amigo? Es que los hombres cuando se aceleran no controlan y si te quedaste a solas con él sabiendo eso, es que lo estabas buscando.

El informe de un detective y el hecho de que se haya aceptado como prueba es, en esencia, una de las muchas manifestaciones de esta presunción de culpabilidad que pesa sobre las mujeres que denuncian. Si no te comportas de determinada forma tras ser violada, si vuelves a viajar, a colgar fotos en las redes sociales, a exponerte de alguna forma ante los demás... entonces igual no has sido tan víctima o, si lo has sido, no te ha afectado tanto y, por lo tanto, pobres chicos, ¿por qué destrozarles la vida? Se pruebe o no la culpabilidad de "la Manada", la existencia de este informe y su aceptación como prueba de la defensa sienta un peligroso precedente, no tanto legal (ya que legalmente nunca ha estado prohibido investigar a quien denuncia un delito) como social. ¿Por qué digo esto? Porque un juez no deja de ser una figura de autoridad y, como tal, sus decisiones y actuaciones tienen un poder legitimador a nivel social. Así, a partir de ahora, cuando una víctima de violación o de violencia de género denuncie, muchos agresores se verán legitimados para hacerla seguir y demostrar que sigue con su vida, que no se ha hundido y, por lo tanto, que igual no es tan víctima. Supone una nueva violación, esta vez de la intimidad. Supone una nueva manifestación de la revictimización a la que se ve sometida una mujer que se atreve a denunciar. Supone un nuevo cuestionamiento, ahora ya más allá de los hechos en sí, también de su vida después de ellos. Supone, en resumen, una nueva forma de violencia patriarcal, social e institucionalmente aceptada. 

Supone que muchas mujeres que se habrían atrevido a denunciar, ahora no lo harán.

A la espera de que llegue el día en que a las mujeres no se nos cuestione sistemáticamente, que no se nos presuma la culpabilidad mientras a los hombres se les presume la inocencia... a la espera de ese día, sólo nos queda gritar: 

¡HERMANA, YO SÍ TE CREO!

sábado, 18 de noviembre de 2017

"A mí no me han educado así"

No falla. Cada vez que se intenta explicar que el machismo lo impregna todo y que a las mujeres "se nos educa para", salta alguien a decir "a mí no me han educado así". Pues lamentablemente, querido o querida, sí te han educado así aunque en tu casa hayan paliado en parte esa educación. 

El machismo es una cuestión estructural. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que nuestra sociedad y todos los productos de la misma (educación, cultura, dinámicas relacionales, etc.) no se han conformado tal y como son por arte de magia, sino dentro de un marco concreto, el patriarcado, en el cual la medida y referencia de todas las cosas es el hombre  (más concretamente, el hombre blanco cisheterosexual) siendo todo lo que se salga de ello, "lo otro", lo que se sale de la norma y que debe amoldarse todo lo posible a ella. 

No estamos hablando de algo aislado que se contemple desde fuera y que tenga unas características extremadamente concretas y que se puedan separar fácilmente unas de otras, sino de la misma estructura de la sociedad en la que vivimos. Hablamos de un determinado prisma bajo el que se configura absolutamente todo.

Obviamente, es raro que se emita y apoye socialmente un mensaje explícito que diga que las mujeres son inferiores a los hombres, o que una mujer merece ser violada, pero sí existe ese mensaje en multitud de detalles, tan naturalizados e integrados en la realidad cotidiana, en el "siempre ha sido así, es lo normal", que rara vez se repara en ellos, pero que constituyen una de las bases para la perpetuación del sistema patriarcal: la falta de referentes femeninos en la formación reglada (¿cuántos de vosotros habéis estudiado a Olympe de Gouges al estudiar la Ilustración? ¿O a sor Juana Inés de la Cruz en Literatura? ¿Y qué me decís de Lyudmila Pavlichenko al estudiar la II Guerra Mundial?), la perpetuación de estereotipos de género entre los niños (mirad un catálogo de juguetes y entenderéis a qué me refiero... o id simplemente a una tienda de ropa y mirad qué prendas tienen la etiqueta "para niño" y "para niña"), la creencia de que determinada ropa indica tu disponibilidad sexual (una disponibilidad sexual que además debe ser indiscriminada, si rechazas a un hombre cuando vas, según ellos, "pidiendo guerra con esa minifalda/top/pintalabios", entonces eres una calientapollas... y el que me niegue que esto sucede que me diga dónde está la cueva en la que ha vivido porque me piro allí), etc.

Incluso las campañas institucionales contra la violencia de género, acoso sexual, etc. tienen escasa perspectiva de género, al poner el énfasis en las víctimas en lugar de en el agresor (no hay más que recordar aquello de "mamá, hazlo por nosotros..."), lo que facilita que se siga culpando a las víctimas y eximiendo de toda responsabilidad tanto al agresor como a las instituciones y a la propia sociedad.


La educación es socialización en una determinada cultura, en sus normas implícitas y explícitas. Educación no es sólo un/a docente o tus padres diciéndote "X es así". Educación es toda una sociedad inculcándote una serie de valores, estereotipos, creencias, motivaciones, etc. que se han desarrollado en un marco determinado, el patriarcado.

Así pues, sí te han educado así.

martes, 14 de noviembre de 2017

5 mitos absurdos sobre feminismo




Fuente
1. El feminismo busca la igualdad.

Sí, es un mito. No, no me he vuelto loca. Sí, me la refanfinfla lo que digan la RAE o tu cuñado. El feminismo no busca la igualdad, el feminismo busca la liberación de la mujer del patriarcado, siendo una de las consecuencias de dicha liberación la igualdad. 

¿Por qué ese matiz? Al hablar de que el feminismo busca, defiende o promueve la igualdad de la mujer con respecto al hombre seguimos tomando a éste como medida y modelo social, mientras que al hablar de liberación estamos hablando de tomarnos a nosotras mismas como medida y modelo, ser nosotras, libres y empoderadas, sin que exista una identificación del hombre como medida de todo y la mujer como "el otro".


2. El feminismo es inútil hoy en día, ya hay igualdad.

Pues no. Y cuando hablo de que la mujer no está liberada y de que no existe la igualdad no me refiero a lo que a muchos les viene a la mente, que son países en los que la mujer no puede votar o el matrimonio infantil es norma... no, no, me refiero también a la "civilizada" sociedad occidental.

Desde los "techos de cristal" hasta la distribución de las tareas domésticas y de cuidados, que aún hoy recaen en su mayor parte en la mujer, desde el baboseo y acoso de Pablo Motos sin consecuencias hasta las manifestaciones más radicales y dramáticas del machismo como lo son los más de 500 mujeres asesinadas en España en la última década.

¿Aún pensáis que ya hay igualdad?

3. Las feministas de hoy en día sois muy agresivas, las que buscaban el voto sí valían la pena

Claaaro que sí. Ahora colocamos explosivos, incendiamos comercios, nos encadenamos a verjas... oh, wait... no, eso lo hicieron las sufragistas, esas a las que los machunos de ahora tienen como lo que debe ser una feminista. 

4. El feminismo está bien, pero es que el hembrismo...

El hembrismo no existe, eso para empezar. Existe la misandria, pero no existe ningún sistema social, político, económico y cultural que sustente dicha misandria, por lo que el hembrismo no existe. Y punto.


Fuente
5. Las feministas buscan obligar a todas las mujeres a no depilarse (o maquillarse o llevar tacones, lo que proceda)

Pues no. Lo que buscamos es que todas las mujeres puedan elegir por sí mismas qué desean hacer con sus cuerpos, sin imposiciones estéticas derivadas de un sistema en que las mujeres son meros objetos de deseo y, por lo tanto, deben tener siempre un aspecto que resulte agradable para la mirada masculina según los cánones físicos imperantes en la época en que nos encontremos.

Y no, no hay libertad para elegir en una sociedad en la que se amenaza de muerte y de violación a una modelo por aparecer sin depilar en una campaña o en la que hombres con más pelos que un jersey en el que ha dormido mi gata acosan y llaman "guarras" a perfectas desconocidas por llevar las axilas o las piernas sin depilar.



viernes, 3 de noviembre de 2017

#LeoAutorasOct y tres mini-reseñas

El año pasado me enteré de #LeoAutorasOct, una iniciativa para contribuir a la visibilización de las mujeres en la literatura. El principio básico es simple: durante el mes de octubre, leer únicamente a autoras; de cualquier época, género y subgénero; desde Jane Austen hasta Ursula K.LeGuin, desde ensayo sobre la propia literatura hasta narrativa Cyberpunk, desde "Crepúsculo" hasta "El primer hombre de Roma".

Lamentablemente, el año pasado me enteré a finales de Octubre, así que no pude llevarlo a cabo. Este año, sin embargo, me enteré con tiempo, por lo que me he sumado a la iniciativa, contribuyendo además a la difusión de la misma y haciéndome el propósito de leer un mínimo de cinco libros y hacer reseña de al menos tres de los que lea (estén dentro de esos cinco o a mayores). Mi lista inicial resultó así:

  1. Horizonte Rojo (Rocío Vega). Aquí su página web y aquí su Twitter.
  2. Muerte en la clínica privada (P.D.James). Podéis leer sobre ella en Wikipedia.
  3. Crímenes que no olvidaré (Alicia Giménez Bartlett). Aquí su página web.
  4. Madre Sacramento (María Teresa Álvarez). Breve bibliografía y bibliografía aquí.
  5. Cortejo a lo prohibido: lectoras y escritoras en la España moderna (Nieves Baranda Leturio). Aquí su página de la UNED.
  6. ¡Llama a la comadrona! (Jennifer Worth) (añadido a la lista inicial). Podéis leer sobre la autora aquí.




Reseñas

Horizonte Rojo

Rea Kerr, líder del grupo de mercenarios Horizonte Rojo, no es precisamente un dechado de virtudes. Bebe en exceso y tiene problemas para relacionarse con los demás, acostándose además con quien menos debería, como miembros de su tripulación. Cuando un encargo que parecía fácil se tuerce y ella ha de enfrentarse a un miembro de su tripulación, una serie de acontecimiento se precipitan a su alrededor y ha de luchar por sobrevivir en medio de ellos.


Cuando empecé a leer Horizonte Rojo tenía ya más o menos una ligera idea de lo que me esperaba, gracias a que sigo a la autora en Twitter y a otras personas que han leído y reseñado. Aún así, consiguió sorprenderme.

Desde mi punto de vista, la trama en sí, si bien muy entretenida y bien escrita (además de ser una temática que me gusta), no es el punto más fuerte de Horizonte Rojo. El punto fuerte son los personajes y la evolución de los mismos, especialmente de Kerr. Me ha pasado algo muy curioso con ella: al principio me cayó como una patada en la boca. No es fácil que Kerr caiga bien, es demasiado humana, tanto que incomoda sentirse a veces identificada con ella. Con el tiempo, según se va avanzando en la trama, vemos que evoluciona, pero logra mantener su esencia, no llega a ser un cambio radical e inverosímil.

Otro de los puntos fuertes es la descripción de las relaciones sexuales. Rocío Vega no cae en misticismos pero tampoco traspasa la línea entre lo erótico y lo gratuitamente pornográfico (cosa que no tendría nada de malo, a todo esto, pero que sencillamente no pegaría con el tono del resto de la novela). Además, hay ciertos detalles que añaden verosimilitud a esas escenas, como el hecho de que no sean todas iguales en su desarrollo y en cómo las vive Kerr o que ésta pueda pensar en que estando borracha le va a resultar difícil correrse.


En general, pues, me ha parecido muy recomendable, con una historia hábilmente escrita y entretenida y unos personajes muy bien construidos, muy humanos y que evolucionan de forma coherente y verosímil.




¡Llama a la comadrona!

Cuando la joven enfermera Jenny Lee llega al East End londinense de los años 50 para completar su formación como comadrona se encuentra con la dura realidad de la época, marcada por las consecuencias de la no tan lejana Segunda Guerra Mundial y los cambios sociales y políticos que sirven de telón de fondo al tema principal: la partería y la maternidad en los años 50.



Éste era sin duda uno de los libros que más ganas tenía de leer tras haber visto ya las temporadas disponibles de la serie basada en el mismo. En la literatura, rara vez nos encontramos con descripciones fieles de los partos, da igual la época sobre la que trate el libro, el género literario, etc., y desde luego es aún más raro encontrarse con descripciones de lo que suponía ser mujer y madre en esa época, y ya ni hablemos de las comadronas.


Es sin duda esa fidelidad a la realidad, y la descripción de los esfuerzos que durante años hicieron las comadronas para dignificar la profesión y que se le reconociera su valor, los aspectos que más me han gustado. Como mujer,  me resulta además un tema especialmente relevante, en tanto que se puede ver cómo el embarazo, el cuerpo de la mujer y la maternidad pasan de ser un tema (aún más) tabú en la Medicina para ganar cierto terreno, aún hoy insuficiente.

Otro de los aspectos más positivos es la propia voz de la autora, que logra transmitirnos la emoción y el sentimiento de injusticia ante determinados acontecimientos e historias para ofrecernos después otra historia desde una perspectiva tierna y alegre.

Si tuviera que hablar de un aspecto negativo, sería el hecho de que apenas se detiene en sus compañeras de profesión. Esto supone un choque si, como es mi caso, se ha visto primero la serie, donde ya desde el principio se profundiza en las vidas de las compañeras de Jennifer.

Desde mi punto de vista es un libro completamente recomendable en el que, lejos de ofrecer una visión mística de la maternidad y la partería, nos ofrecen realismo, sin olvidar el humor, la ternura y la cercanía.




Muerte en la clínica privada
La periodista Rhoda Gradwyn ingresa en la prestigiosa clínica privada de un cirujano de renombre para deshacerse de una cicatriz, sin sospechar que allí la aguarda la muerte. La resolución del caso será responsabilidad del inspector Adam Dalgliesh.


Una de las características que más me ha llamado la atención de esta y otras novelas de P.D. James con Dalgliesh como protagonista es el hecho de que éste rara vez aparece hasta casi la mitad de la novela (si bien tampoco se olvida de hacerlo avanzar como personaje ni de ofrecernos un retrato de sus colaboradores y entorno cercano). P.D. James se recrea (se recreaba) en describir la atmósfera en que se mueven los personajes secundarios, los que se verán afectados personalmente por el asesinato y en dejar claro que Dalgliesh, como investigador del caso, es un intruso en medio de ese ambiente.


La descripción casi hasta la saciedad de la mansión en que está la clínica, así como de su entorno, no resulta aburrida, sin embargo, ya que el estilo de P.D. James es bastante ágil en este aspecto. Todo cuanto describe servirá después para avanzar en la trama junto con Dalgliesh, incluso para saber más que el detective acerca de los personajes con los que se encuentra y sus motivaciones.

Quizás el punto más negativo para mí es la resolución del caso, que me pareció precipitada en contraste con el ritmo pausado del resto de la novela, como si P.D. James lo hubiera escrito antes que cualquier otra cosa y tuviera que encajarlo a martillazos dentro de la trama.

Aunque no es la que más me ha gustado (ese puesto corresponde a "Mortaja para un ruiseñor"), me parece en general un libro bastante recomendable, con una descripción de escenarios y personajes bien realizada y una trama que engancha.

Impresiones sobre #LeoAutorasOct

Una de las primeras cosas en que reparé al decidir tomar parte en la iniciativa es en lo difícil que resulta encontrarse de forma casual con recomendaciones de libros escritos por mujeres. Da igual de qué género hablemos, si no estás realizando una búsqueda consciente, rara vez te encontrarás con escritoras. 

Lo mismo sucede cuando entras en una librería. Ya tenía más o menos una idea de algunos de los libros que leería, pero un día estuve mirando en una librería y me di cuenta de que casi todo son hombres, algo de lo que quizás no habría sido del todo consciente si no estuviera precisamente buscando autoras.

En definitiva, creo que este tipo de iniciativas son algo todavía muy necesario y en lo que todos y todas deberíamos tomar parte, no sólo durante un mes, sino a lo largo de todo el año. Deberíamos ir más allá de las recomendaciones que se hacen desde publicaciones o de las listas de best-sellers y hacer una búsqueda consciente, visitar webs y blogs como La nave invisible, Adopta una autora, el propio blog de la iniciativa LeoAutorasOct, etc.