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lunes, 9 de enero de 2017

Reflexión sobre...feminismo, ecofeminismo y creación de categorías



Este post enlaza en cierto modo con el que publiqué hace unos días, mi "Reflexión sobre...discrepancias y autocensura feminista", y es también una profundización en un hilo que he publicado en twitter a raíz de la tremenda persecución que está recibiendo Jessica Fillol por parte de un sector del feminismo. Os lo resumo: mujeres feministas  y veganas deseando que otra mujer sea violada como respuesta a un sarcasmo por el flame al que la llevan sometiendo una o dos semanas.

Hasta ahora, realmente, no había prestado demasiada atención a ese sector feminista que habla de "feminismo vegano" o ecofeminismo, pero a raíz de esto le he empezado a dar vueltas. Vaya por delante una cosa: no soy vegetariana ni vegana, pero me parece una postura ética irreprochable y digna de admiración por el compromiso que supone. He tenido la suerte de que jamás me ha tocado conocer en persona a vegetarianxs/veganxs como lxs que estoy viendo en twitter sacar las antorchas contra Jessica, sino a personas maravillosas a través de las que he conocido diversas alternativas, si no vegetarianas/veganas, sí más éticas y responsables para con los animales y el medio ambiente.

Ahora, el meollo de la cuestión: hablar de ecofeminismo, de feminismo vegano o cómo se le quiera llamar, me parece hacer una mezcla de conceptos que tienen poco que ver. Obviamente, no quiero decir con esto que no se pueda ser feminista Y vegetarianx/veganx, no son categorías excluyentes, pero creo que ninguna tiene que ir necesariamente incluida en la otra; el feminismo es, y debe ser, transversal, ya que vivimos en una sociedad en la que prácticamente cualquier discriminación se potencia cuando eres mujer, pero la creación de una categoría mediante la mezcla de dos cuestiones que, si bien se encuentran relacionadas por tener su base en un sistema de dominio, no tienen, que yo perciba, mayores puntos en común me parece un sinsentido equiparable en su absurdidad a definirse como "homosexual nazi" (los hay, no me lo invento, no sabía si reír o llorar cuando lo descubrí).

Además, me parece aún más absurdo realizar esta categorización cuando la nueva categoría se utiliza como excusa para repartir carnés de feminista y para hacer de menos y atacar a otras mujeres. Ya hay suficientes disensiones en el feminismo, empezando por el feminismo abolicionista vs. el feminismo pro-sex (posturas ambas en las que no me encuentro cómoda... pero eso es tema para otra entrada), y no es necesario crear categorías y líneas de pensamiento completamente artificiales. Y eso por no hablar de los testimonios en twitter de personas que, queriendo ser veganas y sin poder debido a TCA u otras dificultades, han sido objeto de ataques por parte de mujeres feministas y veganas. 

El movimiento feminista, como dije en su momento en la entrada enlazada más arriba, tiene, como es lógico, múltiples líneas de pensamiento, pero el veganismo no está ni, en mi opinión, debe estar, incluida dentro de ellas. Ser vegetariana o vegana es una opción ética que no tiene nada que ver con la liberación de la mujer, y equiparar el violar a una mujer con explotar a una vaca para que dé leche constantemente, implica llevar a cabo un ejercicio de misoginia realmente preocupante. 

Puede que esta reflexión no sea acertada, puede que me equivoque de medio a medio; es posible que dentro de unos meses mi opinión sea completamente distinta, pero en lo que sí no voy a cambiar de opinión es en una cosa: ni yo, ni nadie, sea veganx, abolicionista, pro-sex, radical, feminista de la diferencia, transfeminista, lo que sea, tiene autoridad moral (o de cualquier otra clase), para dar o quitar carnés de feminista. 


Mafalda y sus amigos lo tenían claro, deberíamos seguir su ejemplo

Para finalizar esta entrada, me gustaría invitar a leer este hilo que he encontrado hoy y que, a mi manera de ver, refleja muy bien lo mismo que he querido transmitir con esta entrada: https://twitter.com/puckmnd/status/818204712487030788.



jueves, 5 de enero de 2017

Reflexión sobre... discrepancias y autocensura feminista

La existencia de diversas corrientes del feminismo es algo que ya era de sobra conocido para mí cuando comencé a tomar conciencia de la gran cantidad de machismo que hay en la sociedad en la que he crecido y a darle nombre a ese vago sentimiento que me embargaba al detectar un comportamiento que me parecía injusto.

Sin embargo, no es hasta estas dos últimas semanas, con la polémica que ha estallado en torno a Locas del Coño, que me he dado cuenta de hasta qué punto el feminismo se ve viciado por las formas de relacionarse típicas del patriarcado aún cuando no lo deseemos. ¿A qué me refiero con eso? Pues básicamente a crear categorías excluyentes dentro del feminismo y sostener que "mi feminismo (mi pensamiento) es el único válido y tú te equivocas", a querer tener una posición de superioridad con respecto al otro. Básicamente, ir repartiendo "carnés de feminista".

Lógicamente, de un movimiento que sólo tiene en común la búsqueda de la liberación de la mujer, no cabe esperar homogeneidad, ni siquiera es deseable, pues somos muchos tipos de mujeres distintas, cada una con sus circunstancias. No aporta al debate la misma experiencia una mujer blanca, heterosexual y de clase media-alta que tiene una formación académica superior, que una mujer negra, lesbiana, de clase obrera y con una formación académica básica. Ni tampoco una mujer criada en una familia católica (aún sin ser creyente) que una mujer criada en una familia musulmana. Con semejante pluralidad de mujeres, no es de extrañar que surja una pluralidad de corrientes dentro del movimiento. Pero, ¿qué ocurre cuando, como digo más arriba, llegan personas con ánimo de repartir carnés de feminista? Básicamente lo mismo que le ocurre a la izquierda en este país: desbandada general y un todas contra todas que no lleva a nada más y que sólo beneficia al patriarcado, que se queda sentadito comiendo palomitas y mirando cómo el movimiento se destroza a sí mismo desde dentro.

Es obvio que cada una de nosotras tendrá su manera de entender y vivir el feminismo. Desde el feminismo abolicionista al pro-sex, pasando por el ecofeminismo y multitud de matices más. Yo tengo una forma de entender el feminismo (que no viene al caso aquí), y, desde luego, no siempre soy perfecta en mi defensa de esa idea (tengo tendencia a ser bastante dogmática; me voy deconstruyendo e intentando adoptar otras formas), pero sí tengo clara una cosa: si pretendemos convertir el espacio público en un lugar seguro para todas las mujeres, hemos de lograr primero que el debate entre nosotras sea seguro. Y lo que he visto últimamente indica todo lo contrario. Compañeras que no se atreven a aportar al debate por miedo al flame, por miedo a que OTRAS COMPAÑERAS las ataquen. Y eso no es normal. No se debería exigir un pensamiento perfecto y 100% coherente, porque no somos perfectas, y asumir que lo eres y repartir carnés en base a ese pensamiento es, siento decirlo, cumplir exactamente con la misma dinámica que el machismo.

Y hasta aquí mi reflexión.

domingo, 1 de enero de 2017

Balance de... 2016


Ha sido un año curioso. Un año par y bisiesto. Ha habido muchas muertes de famosos. 

He acabado un máster y he empezado a preparar oposiciones. 

Me emborraché a base de "Thunderbitch" con Abogado Stalker y lo secuestré, me puso "Suits" al día siguiente mientras nos moríamos de resaca.

He ido a una playa nudista y he perdido miedos y complejos, algunos de los cuales no sabía que tenía, y así pude derribar barreras que ni sabía que existían. 

Fui a Lalín, aprendí muchas cosas y desaprendí otras. He discutido sobre feminismo, me he indignado con los machitrolls y he descubierto que la indignación saca lo mejor de mí.

Viajé a Londres a ver a Mr. Aspersor de Whisky y fuimos a ver "El Rey León". Casi me quedo (otra vez) tirada en Londres. 

Hemos recibido en la familia a una nueva miembro y hemos descubierto que le flipa la canción de "Los cinco lobitos" (frutos lobitos y fruta madre que los parió detrás de la escoba).

Ha vuelto a ganar el PP, la derecha está ascendiendo en todo el mundo y me siento cada vez más acojonada, pero soy una optimista de la vida: tarde o temprano saldremos de ésta.

En junio lloré escribiendo este post, de pena, de rabia, de impotencia.

He llevado a cabo una ruptura de amistad difícil pero necesaria. He vuelto a ver a gente a la que hacía literalmente años que no veía. He conocido a gente que espero que siga algún tiempo en mi vida.

He perpetrado canciones con el Singstar y he jugado al Party sin tener ni puñetera idea de lo que hacía.

Incendié unos spaghetti.

Me he reído hasta llorar y he llorado hasta que me han hecho reír.

Me dejo muchas cosas en el tintero, seguro, pero esto es lo que se me ocurre.

Adiós, 2016. Estoy impaciente por ver qué me trae 2017.