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lunes, 24 de octubre de 2016

Reflexión sobre... sexo y educación

A ver si poniendo "sexo" en el título alguien me lee xDD
Póntelo...



Hace un rato, vi en una página (no pongo captura ni nombre por respeto a la intimidad) a una chica preguntando si usar píldoras anticonceptivas desde la primera vez (asumiendo que es una opción excluyente al preservativo); naturalmente, el consejo estrella ha sido "úsalas si quieres, pero utiliza también el preservativo para evitar enfermedades". No es la primera vez que me encuentro algo así en la red, especialmente por parte de adolescentes, y eso me ha llevado a pensar en qué mierda de educación se está dando hoy en día a los chicos y chicas cuando tienen que preguntarle en una web, a un puñado de desconocidos, qué método anticonceptivo deben usar, y evidenciando además que no saben que algunos protegen de enfermedades y otros no, o incluso obviando directamente el peligro de esas enfermedades.



Cuando se habla de educación, la mente viaja de inmediato a las matemáticas, la historia, física, literatura... pero olvidamos demasiado a menudo cuál es el fin último y básico de la educación: el desarrollo integral de la persona, en todos sus ámbitos, y eso incluye el afectivo-sexual. Y algo no se está haciendo bien cuando el contagio del VIH está despuntando entre los jóvenes o cuando (visto con estos ojitos hipermétropes que me ha dado la tómbola genética) hay gente que sigue creyendo que el sexo anal no precisa de condón, que piensa que no se puede contagiar absolutamente nada con el sexo oral o que ignora que con el sexo lésbico existe el riesgo de contagio.
...Pónselo

No se debe olvidar que la educación afectivo-sexual, inclusiva (también he leído-sí, visito muchos foros y blogs- testimonios de que se tienden a obviar las relaciones homosexuales al hablar de educación sexual) y normalizadora. Ya es hora de que el sexo deje de ser tabú y nos convirtamos en una sociedad un poquito más avanzada, menos ignorante y más libre.

Y hasta aquí la reflexión del día. Algo que tenía que escribir, sin más.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Reseña de... Suits (o Cómo coger cariño a un par de delincuentes)

El domingo pasado, en plena resaca después de X número de Thunderbitch por incitación de Abogado Stalker, al que secuestré, empecé a ver la serie Suits (subtitulada en España como "La clave del éxito") con él y, varios capítulos más tarde, me he decidido a hacer una breve reseña. Pero primero la sinopsis.





Sinopsis de Suits
Mike Ross (Patrick J. Adams) siempre ha soñado con ser abogado, pero tras un incidente, es expulsado de la universidad y no puede acceder a la Facultad de Derecho de Harvard. No obstante, su raro don de memoria eidética le permite ganarse la vida con un trabajo poco honrado: suplantar a otros en los exámenes. 
Tras aceptar un encargo puntual relacionado con el tráfico de drogas, Mike sospecha que le han tendido una trampa y huye de la policía, yendo a parar a una entrevista de trabajo para entrar a formar parte del bufete Pearson Hardman bajo la supervisión directa de uno de los abogados más brillantes de la firma, Harvey Specter (Gabriel Macht), a quien consigue impresionar con su ingenio y su conocimiento enciclopédico del Derecho, consiguiendo así el trabajo, si bien tendrá que ocultar que no es licenciado de Harvard ni mucho menos abogado al resto del bufete.


La serie no tiene una trama particularmente compleja y los diálogos recurren en muchas ocasiones al ingenio fácil, pero los personajes y sus interacciones son un gran punto a favor de ella. Personajes como Donna, la secretaria de Harvey; Louis, rival de Harvey y que intentará robarle a Mike tras darse cuenta de su brillantez; Jessica, la jefa del bufete...

La química entre los dos actores principales es innegable y transmiten a la perfección la relación entre Harvey y Mike, una relación de mentor-protegido con una gran intimidad debido al secreto compartido. Ambiciosos, inteligentes, calculadores y a veces unos cabrones de cuidado, la principal diferencia entre Harvey y Mike es el carácter aparentemente frío e insensible del primero frente al idealismo y sentimentalismo del segundo, complementándose ambos a la perfección.

Sin embargo, no carece de puntos negativos. Para empezar, la trama, como ya se ha dicho, no es muy compleja, al menos en mi opinión, y, aunque es en general emocionante verlos trabajar a destajo para salvar un caso casi imposible de ganar, la repetición de casi la misma estructura a lo largo de los capítulos hace que esa emoción decaiga (si bien mejora a partir de la aparición del personaje de Daniel Hardman y las consecuencias de ésta). 

No obstante, el que ha sido para mí el mayor punto negativo es el tratamiento que los guionistas dan al personaje de Louis. Rival de Harvey desde hace años, traslada esa rivalidad a Mike cuando no consigue que deje a Harvey para trabajar con él. Como todos los personajes, Harvey y Mike incluidos (la única que se salva es Donna), es capaz de hacer auténticas putadas a todos los demás, incluso a sus compañeros, y de retorcer las normas para su propio beneficio. Sin embargo, además de eso, tienden a darle lo que llamo "la carta de idiota", es decir, si alguien ha de meter la pata de la forma más estúpida posible para avanzar la trama, poner en peligro el caso o poner en peligro al bufete, ese es Louis, casi siempre llevado por su afán de fastidiar a Harvey. Naturalmente, Harvey o Mike meten a veces la pata, pero por lo general, Louis es el que queda, además de como un cabrón, como un imbécil. Bajo mi punto de vista, esto hace parecer que los guionistas carecen de suficientes ideas para hacer avanzar la trama sin el comodín del "malo imbécil" de las pelis de James Bond (sí, el típico malo que cuenta su plan al héroe mientras se ríe).

Así pues, teniendo en cuenta sus puntos tanto fuertes como débiles, Suits me parece una buena serie, sin llegar a ser una obra maestra de la televisión, y la recomiendo totalmente.


Entrada dedicada a Abogado Stalker, quien después de envenenarnos mutuamente y secuestrarlo, tuvo presencia de ánimo para ponerme la serie xD

lunes, 3 de octubre de 2016

Declaración de amor... al café



La primera vez que bebí café fue en Roma, en un viaje con un pequeño grupo de compañeros del colegio (los de Letras puras de 1º y 2º de Bachillerato). Eran aproximadamente las 9 de la mañana. La Bicha Artista y yo, que nos habíamos pasado la mitad de la noche en la habitación de tres de nuestros compañeros de cháchara, estábamos más muertas que vivas. La Bicha, ya iniciada en el mundo cafetil, se sirvió lo que para mí entonces era un brebaje asqueroso y prácticamente me arrebató mi taza de las manos para servirme uno a pesar de mis protestas. Seis azucarillos después (apenas podía mover la cucharilla) ya era una iniciada en el mundo cafetil.

Cargado, suave, con miel, con azúcar, en tacita, en tazón, acompañado de sobaos, de galletas, de tostadas. Con leche, con bebida de avena/arroz/soja. Por las mañanas y por las tardes. Después de una comilona, después de la siesta, para entrar en calor... 

El café es despertarse por la mañana e ir arrastrando los pies para dejarlo preparándose mientras intentas ser un humano decente en el baño, es la excusa para quedar ("te hace un café?"), la frase mágica para convertir un día de mierda en un buen día ("tomamos un café y me lo cuentas"), la mejor manera de prevenir un asesinato o suicidio en un momento de estrés ("vamos a tomarnos un café antes de que asesine a alguien o me cuelgue de la lámpara"), la excusa para no estudiar cuando quedas a estudiar ("venga, va, hacemos una pausa y nos tomamos un café"). Es la anécdota de cuando manché de café el techo de la cocina. Es momentos de retraso máximo cuando lo derramo por todas partes. Es aquel día en que me olvidé de la cafetera en el fuego y cuando me acordé ya no quedaba café en ella porque inundaba la vitro. Es el día en que se lo escupí a La Bicha Artista en un momento de hilaridad. 

Es esas cosas y muchas más. Casi ocho años después de aquel primer café horroroso, tengo una historia de amor con el café mejor que la de Romeo y Julieta, Hamlet y Ofelia, Steve Rogers y Bucky Barnes... 

A veces lo sustituyo por el té, pero no es lo mismo.

Amo mi café y mi café me ama.


Sí, y también amo Queen, y los videojuegos xDD