Esta mañana, como he hecho a lo largo de toda la semana, he abierto Twitter mientras desayunaba; no sólo es una fuente de memes sino que actualmente es donde me entero antes de las noticias: si alguien muere, si algún político ha dicho alguna estupidez mayor de lo habitual... esas cosas. Hoy mi TL habla mucho de un juez, por un momento me despisto porque solamente me acuerdo de la jueza que denegó una orden de alejamiento a una mujer asesinada en Bilbao la semana pasada.
Y entonces veo este tweet. Y por un momento, contra todo lo que me dicen los últimos años presenciando cada vez más injusticias y arbitrariedades del sistema judicial español en casos de violencia contra la mujer (Juana Rivas, la chica de la Manada y un larguísimo etcétera), no me lo creo, sencillamente porque no me lo puedo creer. Y abro la noticia. Y, efectivamente, es incluso peor de lo que me esperaba.
No voy a reproducir aquí las palabras de este señor, por hablar de él con un apelativo digno en lugar de los nada dignos que tengo en la cabeza y que probablemente acabarían conmigo en la Audiencia Nacional acusada de terrorismo.
Desde que se comenzaron a recabar datos y estadísticas oficiales sobre las muertes por Violencia de Género, en 2003, se han contabilizado unas 950 mujeres asesinadas. Teniendo en cuenta la restrictiva definición de Violencia de Género que ofrece la legislación española (contraviniendo de paso el Convenio de Estambul), que no contempla las agresiones o asesinatos cometidos fuera del marco de una relación sentimental, el número probablemente asciende a muchísimas más, más de 1000 probablemente.
En esta coyuntura, y con además, nueve mujeres asesinadas en septiembre y dos niñas que han pasado a ser parte de las 27 víctimas menores de edad asesinadas por sus padres en el contexto de la violencia de género, un juez que, para más inri, es titular de un Juzgado de Violencia contra la Mujer, se permite hacer estos comentarios, comentarios que además nos dan la razón al hablar de "Justicia Patriarcal". Las mujeres cada vez alzamos más la voz y protestamos, y la reacción desde el sistema judicial no es fallarnos, pues no nos puede fallar un sistema al que jamás le ha interesado realmente protegernos, es hacer lo que ha hecho siempre: intentar acallarnos o ridiculizarnos. No nos conformamos ya con las migajas, sino que reclamamos una justicia con perspectiva de género, jueces, fiscales, abogados, etc. realmente formados, que sepan qué es lo que están juzgando.
El juez que ha hecho estos comentarios ha intentado justificarse aduciendo que se trata de una conversación privada y que por tanto no puede existir parcialidad en el juicio, pero lo que no parece entender es que en un sistema machista es imposible ser imparcial a la hora de juzgar estos casos, porque el machismo lo permea todo. Es completamente imposible sustraernos a él, y precisamente por ello los jueces deben contar con la formación y con la perspectiva de género necesarias: no se eliminarán todos los sesgos, pero si los conoces puedes intentar evitarlos y reflexionar sobre ellos.
Si la justicia sigue sin interesarse en protegernos, si cada vez que reclamamos justicia se nos intenta contentar con simples migajas o gestos sin importancia (minutos de silencio, pésames, lamentaciones vacías de reflexión y de acción), llegará un momento en que la situación será insostenible y en que tendremos que conquistar nuestros derechos y nuestra justicia como se han conquistado siempre: por la fuerza.