El título de esta entrada podría aplicarse a muchas cosas, desde la propia vida hasta la llegada del fin de semana, pero en mi caso está aplicado a un camino que va a arrancar este sábado.
Opositar.
Es un camino que va a ser largo y que no sé cuándo acabará. Hay una meta, pero todavía no está cerca. Quizás llegue a ella en dos años o en cinco. Quizás no llegue nunca a ella y me quede vagando (pero no perdida... recordemos que "no todos los que vagan están perdidos") por el camino, encadenando pequeños hitos en él.
Estoy ilusionada y aterrorizada a partes iguales. Me da miedo no conseguir alcanzar las horas de estudio necesarias, rendirme antes incluso de acabar el primer año, verme obligada a abandonar porque ya no puedo más... Pero también me ilusiona la idea de llegar a mi meta en dos años (en uno no me lo planteo ni de broma... aparte de que a saber cuándo vuelven a convocar), de hacerlo bien, de descubrirme como una persona realmente constante.
En fin... El sábado 24 de septiembre de 2016 empezará el camino.
Estoy lista para emprenderlo.
Estoy lista para emprenderlo.